Loris Malaguzzi...

"Trabajar con los niños quiere decir tener que hacer las cuentas con pocas certezas y con muchas incertidumbres. Lo que nos salva es el buscar y no perder el lenguaje de la maravilla que perdura, en cambio, en los ojos y en la mente de los niños. Es necesario tener el coraje de producir obstinadamente proyectos y elecciones. Esto es competencia de la escuela y de la educación”.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Se vuelve a una crianza más respetuosa con los niños

Rosa Jové, Psicopediatra y monitora de lactancia, con tres de los asistentes a su charla.



Las IV Jornadas sobre Lactancia Materna contaron también con Asunción Azofra, matrona del Hospital de Laredo, que trató la importancia de la primera hora tras el parto. Además, se presentó un vídeo de la Asociación 'La Buena Leche'.
«Se está volviendo a una crianza más respetuosa con los niños, claramente». Así lo explicó en Santander la psicopediatra catalana Rosa Jové, invitada por la asociación cántabra 'La buena leche' a impartir dos conferencias, una de ellas sobre el sueño infantil, su especialidad. Jové es autora de 'Dormir sin lágrimas', un libro que rebate las tesis de otro médico -el doctor Estivill- cuyo método ha sido empleado por miles de padres para hacer conciliar el sueño a sus hijos.-Defiende en su obra que el abandono del niño en su cama dejándole llorar no es nada correcto.-Efectivamente, no es lo correcto. Le crea secuelas al niño y, aunque no se las creara, no es la forma de tratarle. Es un trato vejatorio. ¿Alguien dejaría en su habitación, tras unos gritos y bajo amenaza a una persona mayor? Entonces, ¿por qué se lo hacemos a un niño? Si un bebé (o no tan bebé) llora por la noche, hay un problema. Lo que pasa es que los padres son egoístas y les es más fácil pensar que el niño 'se las sabe todas'. De hecho, mientras las madres están de baja maternal, no hay tanta obsesión por que el recién nacido duerma de un tirón. Es a los seis meses (con la madre que ha vuelto al trabajo) cuando la noche del niño se hace tan importante.-¿Y cómo descubrir dónde está el problema del pequeño?-Lo primero es hacer un registro del sueño y ver si duerme las horas adecuadas a su edad. Pero existen familias que quieren acostar a sus hijos a las ocho de la noche y que no se muevan hasta las nueve de la mañana. Y, a ser posible, una siesta de tres horas. Pues no, no es así. Los bebés duermen entre 12 y 16 horas y ambas cosas son normales. A partir de los cinco años, sólo necesitan las ocho horas de un adulto. No hay que empeñarse en más. Tampoco es normal dormir 'de un tirón', ni siquiera para los mayores. Esto, que es lo habitual, es visto por algunos como 'mala fe' por parte de la pobre criatura. Esta 'maldad' de los niños (el pensar que nos toma el pelo etc.) es lo que sirve de justificación a algunos padres para este 'maltrato'.-Usted es firme defensora de dejar un tiempo a los niños en la habitación de los padres, algo que no se suele recomendar en el sistema sanitario -Es que el 80% de la población mundial duerme con sus hijos hasta que tienen dos, tres o cuatro años. Y no hablamos de sociedades primitivas. En Japón, los niños duermen en la habitación con sus padres, lo mismo que en Noruega, donde tienen la cultura, incluso, de compartir cama con los críos hasta que tienen más o menos un año. Está demostrado, además, que en estos países se padece mucho menos insomnio, tanto infantil como adulto. No como aquí, que todos tenemos problemas para dormir.-¿Tiene algo que ver la rapidez con que se vive con las alteraciones del sueño en la infancia?-Mucho, muchísimo. La prisa y los niños nunca han hecho buena pareja. Los niños necesitan otro ritmo y es fundamental ver que el suyo no es el nuestro. Ellos requieren espacio y tiempo, abrazos y esto está muy reñido con las ocupaciones de los padres, que van siempre a la carrera. Por eso se está pidiendo ahora los seis meses de baja maternal, para que las familias tengan más respiro.-¿Ve en su consulta muchos casos complicados debido al sueño?-Algunos terribles, sí. Por ejemplo, el de una niña adoptada, asiática, al que le aplicaron el método de dejarla sola y a oscuras para que 'aprendiera' a dormir. La pequeña perdió el habla durante seis meses, del terror que debía pasar por las noches, en otro país, con padres nuevos. Esto no hubiera pasado si hubieran dormido con ella. Los niños saben dormir, no hay que enseñarles. De hecho, ya lo hacen en el seno materno. Lo que no hacen es dormir cuando y dónde les interesa a los padres.-¿Cuál es el consejo que más le solicitan?-No hay uno concreto. Las familias lo único que quieren es que les digas que no hacen mal las cosas. Cuando se les dan unas pautas, las siguen bien. Se nota un gran interés, en los últimos años, por volver a una crianza más respetuosa. Es un movimiento global: más padres con los críos colgados del pecho, más concienciados por el buen trato. Esto no tiene por qué estar ligado a una vuelta al hogar de las mujeres.
Fuente: www.eldiariomantanes.es el 03.10.07 por Violeta Santiago

domingo, 23 de septiembre de 2007

La demanda externa de partos naturales en el Hospital de la Plana satura el paritorio



Casi un centenar de embarazadas de otras áreas sanitarias han pedido su traslado en 2007 al centro de Vila-real .

Néstor Vilar, Castelló La capacidad de decisión de la madre y no recurrir a intervenciones quirúrgicas más allá de lo necesario son, a grandes rasgos, las claves del parto no medicalizado, humanizado o natural, formas de designar a esta modalidad implantada en el hospital de la Plana de Vila-real. Desde enero de este año, 98 mujeres de otras áreas han solicitado un cambio de obstetricia para tener la Plana como lugar preferente para dar a luz, pues es el único centro público de la Comunitat Valenciana que ofrece esta opción. El parto no medicalizado es el primer motivo que alegan las embarazadas para su cambio de obstetricia, según confirman fuentes sanitarias. Otro motivo es que el hospital de Vila-real es el único de la provincia donde puede donarse la sangre del cordón umbilical. Las 98 solicitudes procedían de otras zonas sanitarias de Castelló y también del resto de la Comunitat. La cifra no es desdeñable para un hospital que, de enero a julio de este año, acogió 1.067 partos. Cerca del 60% de las mujeres solicitó métodos no medicalizados, y el hospital ha conseguido la tasa más baja de cesáreas (un 17% de los partos) en la Comunitat. Sin embargo, este volumen de traslados no estaba previsto. Desde el personal del paritorio avisan de que el servicio ha llegado a su límite: «No hay recursos humanos, ni materiales ni espaciales para absorber tanta gente». Como ejemplo, las fuentes citadas explican que en el paritorio suele haber dos matronas por turno (y una supervisora por las mañanas), y que tienen sólo cuatro unidades de dilatación. De hecho, ha habido momentos en que el paritorio estaba completo y han tenido que derivar a otros hospitales a parturientas a quienes correspondía alumbrar en la Plana. Y si no se llega a ese extremo, es gracias al «sobreesfuerzo» del personal sanitario, que está atendiendo una media de seis partos diarios, y calcula que uno de cada diez procede de otra área sanitaria. Por ello, los trabajadores sanitarios creen que pronto habrá que denegar las solicitudes de traslado que, de momento, se han aceptado invariablemente. También fuentes sindicales consideran contraproducentes estos traslados, pues la plantilla y las instalaciones «se crearon según la población que tenían asignada, y con los traslados se están alterando sus ratios y aumentando la presión, mientras quizás se está desaturando el Hospital General de Castelló». Las fuentes consultadas coinciden en la necesidad de multiplicar la oferta de parto natural en el sistema sanitario, bien ampliando la capacidad de absorción de la Plana, bien implantando la modalidad en el resto de centros hospitalarios. Algunos abogan por esta última opción, pero otros advierten de que se trataría de un proceso muy lento, pues la adaptación del personal a las nuevas técnicas sería difícil. Otra opción es constituir un centro de referencia que pudiera absorber a todos los interesados.
Fuente:Periódico El Levante-EMV Castellón 19/09/2007

El Gobierno quiere naturalizar más los partos

El Ministerio de Sanidad quiere poner en marcha un plan para reducir el número de cesáreas que se practican en nuestro país y naturalizar más los partos. Según los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta el 40 por ciento de los partos que se realizan a través de esta intervención podrían evitarse.

El 7% de los partos en España es con fórceps y un 20% con cesárea
La prioridad del Ministerio es evitar la intervención médica en el parto en la medida que sea posible. En España cada año 100.000 niños nacen por cesárea, 36.000 más de lo que sería conveniente según la OMS. El pasado mes de julio, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) ofreció datos oficiales sobre el parto en nuestro país. De los 400.000 partos que cada año se registran, un 73% son normales, un 20 son por cesárea y tan sólo un 7 por ciento requieren la utilización de fórceps, un instrumento cuyo empleo tenderá a disminuir tras una reciente sentencia que condenó a un médico por su uso "excesivo".
En la propuesta del Ministerio se contempla el aumento del número de matronas para darles un papel prioritario como ocurre ya en algunos países europeos. La presidenta de la Asociación de Matronas, María Ángeles Rodriguez Rozalen, resalta el importante papel que estas profesionales tienen durante el parto y asegura que "hay dos zonas bien diferenciadas en los hospitales maternales donde la zona de bajo riesgo es gestionada exclusivamente por las matronas y los médicos son para ellas meros consultores".
Con esta medida el departamento que dirige Bernat Soria busca intentar evitar la cesárea, la episiotomía, los fórceps e incluso la epidural que ralentiza la dilatación. Según un estudio avalado por la organización mundial de la salud el 42 por ciento de las mujeres que parió por cesárea no tuvo más bebés.
Fuente: TERESA RUBIO / CADENA SER 17-09-2007

lunes, 27 de agosto de 2007

Cora pide la retirada del cuento infantil “Lila tiene un hermanito” de Eduard Estivill

Añadir que los niños, supuestamente, felices de los cuentos que adapta estivill, sin lugar a duda NO le han aplicado el método violento Duérmete niño, a parte que el cuento pasaría a ser una pesadilla horrenda, no existiría felicidad en esos niños y dejaría de ser un cuento!
¡estivill a ver si dejas de adoptar publicaciones al altura de tu nivel emocional, miope y escaso, y intentas otro tipo de showbusiness en los que NO estén involucrados los niños.
La Federación de Asociaciones en Defensa de la Adopción y el Acogimiento (CORA) protesta por el tratamiento dado a la adopción en el libro “Lila tiene un hermanito”, del Dr. Estivill y Montse Domènech (Editorial Beascoa, 2006)
Texto íntegro de la nota de prensa:
Queremos manifestar nuestra discrepancia con el contenido y la forma con la que se aborda la adopción en el cuento “Lila tiene un hermanito”, del Dr. Eduard Estivill y Montse Domènech (Editorial Beascoa, 2006). Resulta evidente que los autores se han documentado escasamente sobre la adopción y las familias adoptivas, si es que lo han hecho en alguna medida. El relato contiene errores de bulto respecto al proceso de adopción. En él se narra como los padres de la protagonista deben permanecer en Haití un mes para hacer “muchos exámenes”, cuando cualquiera mínimamente informado sabe que –de acuerdo al Convenio de la Haya–, la formación y evaluación de la familia que solicita una adopción se hacen en España, y que la estancia de los padres en Haití rara vez supera la semana.
Sin embargo, ese desconocimiento no es tan grave como otros “detalles” erróneos que, a los ojos de un niño adoptado, resultan altamente inquietantes y perturbadores. La adopción es una alternativa a la paternidad/maternidad biológica, ¡no un acto de solidaridad o caridad por el que nuestros hijos deban estarnos agradecidos! ¿Se imaginan lo que esa insinuación significa para la autoestima de un niño que se incorpora a una nueva familia? Esta falta de empatía con los sentimientos del niño adoptado es una constante a lo largo del cuento. ¿Qué necesidad había de representar a la madre biológica del niño adoptado como fea, bajita y gorda? No hay que olvidar que nuestros hijos descubren a edad temprana que, cuando crezcan, no se parecerán a nosotros en el color de la piel, los ojos, etc., sino que han heredado muchas de sus características físicas de la familia en la que nacieron. Pero es que además, entre las muchas problemáticas de las mujeres haitianas no se encuentra la obesidad (y son en general de una gran belleza, como también lo son los hijos que traen al mundo y que llevan la hermosura en sus genes).
Mención aparte merece el cuaderno pretendidamente pedagógico que incluye el libro, un dechado de topicazos y falsos mitos que en nada ayudan a la integración y normalización de nuestras familias. Resulta increíble que alguien teóricamente competente en otras áreas de la educación infantil mantenga un discurso tan falaz. Tristemente, los autores ni siquiera han hecho el esfuerzo de utilizar un vocabulario positivo y libre de prejuicios: cuando hablan de “hijos naturales”, debemos entender que los nuestros son… ¿extraños? ¿Artificiales tal vez?
Afirmar que nuestros hijos se comportarán como “hijos naturales” si como a tales les tratamos no es pedagogía, es simplemente un disparate de gran calibre. Nuestros hijos han vivido unas experiencias muy diferentes a las de sus pares, que han marcado su desarrollo tanto físico como psíquico y emocional. Fingir que sus necesidades no difieren de las de aquéllos que han crecido desde que llegaron al mundo en su familia es tan absurdo como pensar que un problema serio de visión se arreglará milagrosamente si actuamos como si no existiera. Las familias adoptivas somos tan familia como las demás, pero ignorar los retos específicos que nuestra paternidad conlleva sólo puede perjudicar a nuestros hijos, quienes necesitan que entendamos sus necesidades para poder desarrollar todo su potencial y convertirse en adultos felices.
Resulta bochornoso cómo los autores tratan de crear un discurso supuestamente positivo y pedagógico de la adopción minimizando algunos de esos retos. Pertenecer a una familia multirracial es una experiencia muy enriquecedora para todos sus miembros, pero ello no es óbice para que conlleve ciertos desafíos –tanto para los padres como para los hijos– que no podemos ni debemos obviar. No siempre es fácil enseñar a hacer frente a un tipo de discriminación –a veces sutil, a veces brutal– que los padres nunca han experimentado en primera persona. Afirmar que el miedo a esa discriminación racial “es menor cada día” porque nuestra sociedad es cada vez más multicultural puede parecer una afirmación bienintencionada y esperanzadora, pero no es cierta en absoluto, y bien lo saben quienes la sufren en sus carnes. El racismo existe y está aún muy presente en nuestra realidad: nuestra obligación como padres es aceptar esa realidad y proporcionar a nuestros hijos los recursos necesarios para hacerle frente.
Es evidente que necesitamos bibliografía que nos ayude a explicar la adopción de forma adecuada a nuestros hijos e hijas y a otros niños y niñas, pero vendernos como tal un producto que potencia la perpetuación de falsos discursos y puede provocar inseguridades innecesarias en nuestros hijos no es de recibo. Lamentamos profundamente que ni la editorial ni los autores de “Lila tiene un hermanito” se hayan tomado la molestia de buscar asesoramiento antes de lanzarse a hacer pseudopedagogía de la adopción y de nuestras familias, y les rogamos encarecidamente que retiren su edición.
CORA – Federación de Asociaciones en Defensa de la Adopción y el Acogimiento

martes, 31 de julio de 2007

EL LIBRO PELIGROSO PARA LOS CHICOS de IGGULDEN, CONN y IGGULDEN, HAL


Construir una casa en un árbol abandonando los juegos de ordenador, hacer trabajos manuales y olvidarse de los iPods, el éxito internacional de El Libro peligroso para los chicos ha marcado el final de la generación PlayStation. El libro peligroso para los chicos es un compendio de información, juegos, conocimientos y trucos que aparentemente están pasados de moda en la época de los teléfonos móviles. Pero con tan sólo la primera semana de ventas, el libro se colocó entre los 5 primeros de la lista de Amazon en el Reino Unido. Las reglas del baloncesto, cómo construir una casa en un árbol, cómo funciona una catapulta, gramática imprescindible, la historia de los reyes de España, cómo fabricar un arco y unas flechas, qué debemos llevar a un picnic y mucho más: historias de una valor increíble y habilidades útiles recogidas en más de 200 páginas ilustradas. El libro peligroso para los chicos es además una buena fuente de información complementaria para las didácticas escolares ya que a demás de enseñar a jugar al aire libre, facilita lo imprescindible para pasar de curso.

domingo, 24 de junio de 2007

Summerhill, la escuela donde se cultiva la felicidad

«El único cuidado que habría necesidad practicar en la escuela es la cura de la infelicidad. El niño difícil es el niño infeliz. Está en guerra consigo mismo, y por tanto está en guerra con el mundo.El adulto difícil va en la misma barca. Ningún hombre feliz no ha perturbado nunca una reunión, ni ha predicado la guerra, ni ha linchado ningún negro. Nunca ninguna mujer feliz no ha tratado a regaños el marido o los hijos. Nunca ningún hombre feliz no ha cometido un asesinato o un robo. Nunca ningún patrón feliz no ha aterrorizado sus empleados.Todos los crímenes, todos los odios, todas las guerras, se pueden reducir a una sola palabra: infelicidad. La intención de este libro es de hacer ver como nace la infelicidad, como arruina las vidas humanas y como se pueden subir los niños de manera que la mayor parte de esta infelicidad no llegue a nacer nunca.¿A qué se asemeja Summerhill? Bien, para decir sólo una, las clases son optativas. Los niños pueden ir o quedarse una hora lejos —por el tiempo que quieran si éste es su deseo. Hay un horario, pero sólo para los maestros.En general, los alumnos tienen clases con arreglo a la edad, pero a veces con arreglo a sus intereses. No tenemos nuevos sistemas de enseñanza, porque no consideramos que la enseñanza sea muy importante en sí mismo. El hecho de que la escuela tenga o no un método específico para enseñar a dividir por muchas cifras no tiene ninguna importancia, porque esta operación sólo tiene interés para aquéllos que la quieren aprender. Y el niño que quiere aprender a dividir por muchas cifras, aprenderá tanto si le enseñemos de una forma como de otra..»
NEILL, Alexander S. Summerhill, Barcelona: Eumo, 1986. (págs 3-4, 7)




En el libro Summerhill, Alexander Sutherland Neill, expone el funcionamiento de la escuela progresista que él fundó y fue conocida en todo el mundo por el nombre de Summerhill; simultáneamente, presenta los principios que han inspirado este atrevido modelo educativo. La escuela, defiende Neill, tiene como función primera curar la infelicidad de los niños; Summerhill es el lugar donde los niños son criados pensando en la felicidad.En el primer capítulo del libro, Neill hace una descripción global de la vida cotidiana en la escuela; en los restantes, trata aspectos concretos como por ejemplo la necesidad de libertad, el juego, la obediencia y la disciplina, su punto de vista sobre la sexualidad, la moral, los problemas de los padres, etc.En Summerhill se cultiva radicalmente la libertad. Eso quiere decir que las clases son de asistencia libre, que se otorga gran importancia al juego, que en muchos momentos cada cual hace lo que quiere. El gran acontecimiento de la casa es la asamblea general de los sábados donde, con igualdad de voto alumnos y profesores, se toman decisiones importantes para la buena convivencia. Acabada la asamblea es hace un baile.En Summerhill no hay notas, ni ningún tipo de calificación; premios y distinciones son rechazados porque desvían el desarrollo normal de la personalidad. Neill está convencido que el niño es innatamente juicioso y realista; por naturaleza, el niño es un ser bueno, justamente con capacidad de autocontrol. El niño tiene suficientes recursos para hacerse él mismo plenamente persona, las interferencias de los adultos no son positivas.

Autobiografía Neill Neill Orange Peel (Fragmento)


Hace años, Hetney, un niño de Summerhill, caminaba murmurando: "Neill Neill Orange Peel" (R: literalmente Neill Neill Cáscara de Naranja).

La frase tuvo éxito y ha perdurado más de 25 años. Actualmente, los niños me siguen cantando estas palabras, y mi reacción usual es contestarles: "Se equivocaron de nuevo no es cáscara de naranja, sino cáscara de banana".
Me parece que esta rima resume bien mi vida con los niños. Desde luego, podría ser el lema de Summerhill, si creyera en lemas. Estas palabras narran toda la historia de mi escuela y de mi vida. Nos muestran como pueden salvarse, o casi suprimirse, el abismo entre las generaciones, porque estas palabras no denotan hipocresía u odio, sino amor e igualdad. Si todos los niños del mundo llamaran a sus maestros cáscara de naranja o un equivalente, en mi correspondencia no habría muchas cartas que comienzan así:

"Odio mi escuela, ¿puedo ir a Summerhill?".

La rima del niño muestra lo innecesario de que un abismo separe a los alumnos de los maestros, abismo que han creado los adultos y no los niños. Los maestros desean ser pequeños dioses protegidos por su dignidad. Si actúan humanamente, temen que su autoridad se desvanezca y que sus clases se conviertan en un manicomio. Temen suprimir el miedo. Demasiados niños temen a sus maestros. Es la disciplina la que crea el miedo. Pregunten a un soldado si no teme a su sargento. No conozco a uno que no le tema.

La rima de Summerhill demuestra al mundo que una escuela puede abolir el temor a los maestros y el temor, más profundo, a la vida. Los niños no solo tratan a Neill con igualdad, alegría y amor, sino que a todo el personal lo consideran camarada y compañero de juegos. Los maestros no dependen de su dignidad, ni esperan diferencia por ser adultos, y su único privilegio social es que no deben obedecer la orden de ir a la cama. Su alimentación es igual que la de la comunidad escolar. Los niños les hablan de tú y rara vez les ponen sobrenombres, y si lo hacen, éstos son más bien símbolos de amistad e igualdad. Durante 30 años, George Corkhill, nuestro maestro de Ciencias, fue conocido como George, o Corks o Corkie. Todos los niños lo querían.
Hace años, en uno de mis libros escribí que cuando entrevistaba a un aspirante a maestro, mi prueba consistía en preguntar: "¿Qué haría si un niño lo llamara maldito tonto?". Hoy día continúo haciendo esta prueba, excepto que he suprimido el tonto (que nunca he considerado una grosería) y lo he cambiado por un adjetivo más popular.

Al transcurrir el tiempo, más me convenzo de que la principal reforma que requieren nuestras escuelas es suprimir el abismo entre jóvenes y viejos, y que ha perpetuado el paternalismo. Esta autoridad dictatorial causa al niño un sentimiento de inferioridad, que se perpetúa a través de su vida. Como adulto sólo cambia la autoridad del maestro por la del patrón.

Un ejército puede ser necesario, pero nadie, excepto un conservador demente, afirmaría que la milicia es un modelo de vida. Sin embargo, nuestras escuelas son como ejércitos, o algo peor. Los soldados por lo menos se mueven mucho, pero un niño permanece sentado la mayor parte del tiempo en una edad en que todo el instituto humano ordena moverse.

En este libro explico porqué las autoridades escolares tratan de restar vitalidad a los niños, pero la mayoría de los maestros no comprenden qué se oculta detrás de su disciplina y de "modelar los caracteres", y la mayoría no desea saberlo. La disciplina es algo muy fácil: "Atención... Descansen", son las órdenes de los cuarteles y de las clases.

"Obedezcan, obedezcan", dicen, pero la gente no obedece a sus iguales, sino a sus superiores. La obediencia implica temor, y esto debe ser lo último que se inspire en una escuela.

En los Estados Unidos, los estudiantes temen las malas calificaciones (calificaciones idiotas que no significan nada importante) o temen a no ser aprobados en los exámenes. En algunos países (Inglaterra se encuentra entre ellos, aunque me disguste admitirlo), aún se experimenta el temor al bastón o al cinturón, o el miedo a sufrir las burlas o el desprecio de maestros estúpidos.
La tragedia es que también los maestros sienten temor: miedo a ser considerados humanos, a ser descubiertos por la misteriosa intuición de los niños. Conozco bien todo esto. Diez años de enseñar en las escuelas públicas han destruido mis ilusiones sobre los maestros. En mi época, yo también me mostraba digno, distante y era partidario de la disciplina. Aprendí en un sistema que dependía del tawse, como llamábamos al cinturón en Escocia. Mi padre lo usaba y yo lo imité, sin pensar si actuaba bien o mal, hasta el día en que, siendo director, azoté a un niño por insolente. De pronto se me ocurrió pensar: ¿"Qué estoy haciendo? Este niño es pequeño y yo soy grande. ¿Por qué estoy golpeando a alguien que no es de mi tamaño?". Arrojé el cinturón al fuego y nunca he vuelto a golpear a un niño.

La insolencia del muchacho me rebajó a su nivel, ofendió mi dignidad, mi categoría de autoridad suprema. Me habló como a un igual, ofensa imperdonable; pero hoy día, 60 años después, miles de maestros se encuentran donde yo estaba entonces. Esto parece presunción, pero es la simple y pura verdad: muchos profesores se niegan a ser gente de carne y hueso.

Hace poco un joven maestro me contó que su director lo había amenazado con despedirlo, porque un muchacho lo había llamado "Bob". "¿Qué pasará con la disciplina, si usted permite tales familiaridades?", le preguntó. "¿Qué sucedería con un soldado que llamara Jim a su coronel?".

Neill Neill Orange Peel, es un título que puede disgustar a los profesores "sin vida"; pero lo comprenderán los estudiantes de todos los países, excepto en aquellas naciones donde a los niños no les permiten oír hablar de Summerhill.

¿Por qué recibo cientos de cartas de los niños? No por mi linda cara. La idea de Summerhill los conmueve en lo más profundo de su deseo de libertad, de su odio a la autoridad en el hogar y en la escuela, de su deseo de entrar en contacto con los mayores. En Summerhill no existe el abismo entre las generaciones; si existiera, no sería rechazada por mayoría de votos la mitad de mis proposiciones en las asambleas generales, ni una niña de 12 años podría decir a un maestro que sus clases son aburridas. Desde luego, un profesor puede decirle a un niño que es una calamidad. La libertad debe existir en ambos lados.

No deseo ser recordado como un gran educador, porque no lo soy. Si me recuerdan, espero que sea porque traté de salvar el abismo entre jóvenes y viejos, traté de abolir el miedo en las escuelas, traté de persuadir a los maestros de ser sinceros consigo mismos y quitarse la armadura protectora que han usado durante generaciones para permanecer separados de sus alumnos. Deseo ser recordado como un individuo común y corriente que creyó que el odio no remedia nada, y que estar en favor de los niños es la única manera de producir una vida escolar feliz, y posteriormente una existencia dichosa. Soy Neill, Neill, Orange Peel (R: un similar a nuestro maestro ciruela) para mis alumnos, y me gustaría serlo también para todos los niños del mundo. Soy alguien que confía en ellos, que cree en la bondad y en la ternura originales, que en la autoridad sólo descubre deseos de poder, y, muy a menudo, odio.

Pronto debo abandonar este valle de lágrimas, espero que las próximas generaciones, al considerar la educación de nuestro tiempo, se asombren de la barbarie, de su destrucción de las potencias humanas, de su insana preocupación por el aprendizaje formal. Lo espero, contra todo lo que me vuelve pesimista: las guerras, las persecuciones religiosas, los crímenes. Los que gritan que cuelguen a los criminales, ¿no advierten que quieren curar con una aspirina una apendicitis? ¿No reconocerá la sociedad que nuestro sistema represivo, aunado a la pobreza de nuestras calles, a nuestra falta de espíritu, a nuestra sociedad de consumo, son el motivo de que existan criminales y neuróticos?

Confieso a que veces dudo. Cuando pienso en el desafío de la juventud, me siento optimista. Al día siguiente, cuando leo los periódicos y me entero de las violaciones, los crímenes, las guerras y el racismo, me siento invadido por el pesimismo, pero creo que la ambivalencia es común a todos nosotros.
Alexander Sutherland "Orange Peel" Neill
Summerhill, 1972