Loris Malaguzzi...

"Trabajar con los niños quiere decir tener que hacer las cuentas con pocas certezas y con muchas incertidumbres. Lo que nos salva es el buscar y no perder el lenguaje de la maravilla que perdura, en cambio, en los ojos y en la mente de los niños. Es necesario tener el coraje de producir obstinadamente proyectos y elecciones. Esto es competencia de la escuela y de la educación”.

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sábado, 17 de mayo de 2008

La ruptura de la simbiosis primaria

Existe una extensa y a la vez poco conocida literatura científica acerca del efecto de la ruptura de la simbiosis primaria entre madre y bebé (por ejemplo, cuando se les separa tras el parto o cuando se deja al bebé llorar solo en una cuna). La escritora Casilda Rodrigáñez, en este ámbito, ha realizado un más que excelente trabajo de documentación y correlación de gran cantidad de datos procedentes de diferentes campos de investigación, con el objetivo de demostrar que esta ruptura constituye un eslabón fundamental en la ontogenia del hombre occidental moderno, competitivo, individualista, y con un elevado grado de desconexión con respecto a su ser interno (emociones, pulsiones básicas, miedos, etc...). A continuación se exponen unos interesantes párrafos extraídos de su artículo La maternidad y la correlación entre la líbido y la fisiología, para que el lector juzgue por sí mismo el impacto, a nivel mundial, que tienen los hábitos de crianza primal de nuestra sociedad:
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Nils Bergman explica [Restoring the original paradigm (1)] que en nuestro rombencéfalo (hindbrain) hay tres programas neurológicos, el de defensa, el de nutrición y el de reproducción; cada uno de estos programas está asociado a un paquete de hormonas y también a nervios y músculos, de manera que la activación de uno y otro programa afecta de diversos modos a todo lo que ocurre en el organismo. Estos tres programas que regulan todo el metabolismo basal de nuestros cuerpos, preveen el mantenimiento de la vida en diferentes circunstancias.(...)
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Si se separa a la criatura de su madre, el programa de nutrición se cierra y se abre el de defensa; la criatura entra en un estado de alerta, y protesta mediante el llanto reclamando ser devuelta a su hábitat. La criatura separada de la madre realiza una actividad intensa que cursa con una bajada de la temperatura corporal, disminución del ritmo cardíaco y respiratorio, taquicardias y apneas, inducidas por el aumento masivo de glucocorticoides (hormonas del stress). Y si la criatura es mantenida separada de la madre durante tiempo, llorará cada vez con más desesperación, y pasará del estado de alerta al de desesperación, hasta que el cansancio le rinda. Bergman dice que llorar es nocivo para los recién nacidos; ello restaura la circulación fetal y aumenta el riesgo de hemorragia intraventricular y otros problemas. Hay estudios que explican que las descargas masivas de las hormonas del stress crean una toxicidad bioquímica que perjudica seriamente a la formación del sistema neurológico, pues no sólo dañan a las células cerebrales sino también la memoria y ponen en marcha una desregulación durardera de la bioquímica cerebral (2).
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Bergman hizo un estudio comparando criaturas recién nacidas apegadas a la madre con criaturas separadas de la madre (3); se aseguró de que ambos grupos recibían exactamente la misma atención y cuidado y que la única diferencia era el estar o no con la madre. La tasa de cortisol, que se medía tomando muestras de saliva, era el doble en las criaturas separadas de la madre. De esta manera se comprobaba que el solo hecho de la separación produce una situación de stress en la criatura recién nacida. El aumento de la tasa de cortisol -el aumento del stress- llegaba a ser hasta de 10 veces más alta, cuando además de la separación se sometía a luces intensas, ruidos, muestras de sangre, etc. (como ha venido ocurriendo de forma rutinaria en el post-parto hospitalario de la civilización contemporánea). Sin embargo, bastaba una hora de contacto piel con piel con la madre para que la tasa de cortisol bajara de 10 veces más a 2 veces más de lo normal. (...)
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Otro dato aportado por los estudios clínicos de Bergman es el de la regulación de la temperatura corporal de las criaturas recién nacidas. Los gráficos de temperatura de una criatura en la incubadora, muestran por un lado una falta de estabilidad: la temperatura corporal tiene subidas y bajadas; y por otro lado, que siempre está por debajo de la temperatura ambiente dentro de la incubadora, como si el cuerpo de la criatura no pudiera absorber el calor del ambiente. En cambio, cuando la criatura está sobre el cuerpo materno, las temperaturas de ambas se aparejan y son estables; la criatura absorbe el calor del cuerpo materno. Entre madre y criatura hay una "sincronía térmica". Además, la media de la temperatura no estable en la incubadora es inferior a la temperatura media sobre el cuerpo de la madre.
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Otro estudio realizado con hombres y mujeres, madres y no madres, daba el siguiente resultado: el torso de una madre tiene 1ºC de temperatura más que el de cualquier otra mujer u hombre. Pero si la criatura tiene la temperatura baja, la madre sube la suya hasta 2ºC con el fin de calentarla; y si por el contrario la temperatura de la criatura es alta, la madre baja 1ºC la suya para enfriarla. Esto es una prueba de regulación mutua y de la sincronía fisiológica de la pareja madre-criatura, parejas a la interacción de sus pulsiones libidinales.
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La sincronización corporal se hace evidente de manera abrumadora en la fisiología del amamantamiento. La composición de la leche que la madre produce no es siempre la misma, siendo la criatura apegada a la madre quien controla y determina las variaciones(...)
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Bergman dice que la criatura en la cuna o en la incubadora está en un "modo de supervivencia" (survival mode), a la espera de volver a su hábitat, sobre el cuerpo de la madre; el descenso de la temperatura corporal posiblemente sea un medio de defensa para ahorrar energía en espera de volver al percho de su madre. Por eso llora: para llamar la atención y que su madre le vuelva a poner en su sitio, poder cerrar el programa de defensa y abrir el de nutrición y recuperar el "modo de desarrollo" (grow mode).
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Según estas investigaciones, los valores de referencia considerados "normales" en pediatría (temperatura, ritmo cardíaco y respiratorio, etc.) están equivocados, puesto que se han tomado como tales los valores de las criaturas recién nacidas fuera de su hábitat normal, en un estado de alerta y de stress. Bergman asegura que deben ser re-evaluados (3). Estamos pues ante la misma situación que refería Michel Odent sobre el parto hospitalario, tomando como "normales" las mediciones fisiológicas en una situación irregular. (...)
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Hay muchos estudios que muestran que la falta de madre origina diferentes trastornos psicológicos así como la violencia criminal. Bergman se refuere a otro estudio publicado también por A.N. Schore (4) y asegura que las complicaciones que suceden durante el nacimiento afectan a la personalidad, a la capacidad relacional, a la autoestima, y a los esquemas de comportamiento a lo largo de toda la vida. Si a ello se le añade el rechazo de la madre y la ausencia unión con la madre ("bonding"), podemos constatar una fuerte correlación con un comportamiento criminal y violento. La creación de nidos en los hospitales y el aumento de la frecuencia de las separaciones precoces de la madre son correlativos a los problemas de vinculación afectiva, al abandono de la madre, y alaumento de comportamientos adictivos (necesidades orales del bebé no satisfechas).
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Esto puede ayucar a entender la afirmacion de Michel Odent (5) de que la mejor estrategia para obtener una persona agresiva es separarla de la madre en su más tierna infancia; así como otros estudios realizados sobre la correlación entre separación de la madre y desarrollo de una persona violenta, entre ellos el muy importante trabajo de JW Prescott que deja patente la relación entre la falta de placer corporal en las criaturas pequeñas y los orígenes de la violencia (6). Margaret Mead también realizó un estudio similar en diferentes tribus, que desconozco, pero que cita Carlos Fresneda (7). No olvidemos tampoco lo que hacían los espartanos de la Grecia post-micénica de tirar a los bebés al suelo para obtener buenos guerreros de los que sobrevivieran al trauma. (...)
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Allan Schore y sus colaboradoras (4) han comprobado que la criatura separada de la madre puede pasar del stress (hipervigilancia) a la desesperación y de la desesperación a un estado de desconexión (disociación) para dejar de sufrir.
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En la hipervigilancia, el sistema nervioso simpático se activa fuertemente y de forma brusca, con un aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea, del tono y de la vigilancia; la angustia de la criatura se manifiesta con llanto y alaridos... este estado frenético de angustia, que Perry llama "miedo-pánico", se conoce como una estimulación ergotrópica... con secreción de tasas excesivas de las principales hormonas del stress... que se producen en un estado hipermetabólico del cerebro.La disociación es el estado de reacción subsiguiente a la respuesta al terror, con embotamiento y retraimiento; es un estado de conservación y de repliegue, una respuesta del parasimpático que sobreviene en situaciones en las que la persona no tiene ni ayuda ni esperanza, una respuesta utilizada a lo largo de la vida, por la cual el individuo se desconecta para "conservar su energía", una conducta peligrosa de supervivencia en la que el individuo finge estar muerto; en este estado pasivo de profunda desconexión, la tasa de opiáceos endógenos es alta, lo que produce ausencia de dolor, inmovilidad einhibición de gritos de angustia. El tono vagal aumenta considerablemente con una bajada de la tensión sanguínea y del ritmo cardíaco (...) en este estado, desde el cerebro de la criatura, tanto los componentes del sistema simpático que consumen energía, como los del sistema parasimpático economizador de energía se activan (...) provocando alteraciones bioquímicas caóticas, un estado de toxicidad neuroquímica para el cerebro de la criatura en pleno crecimiento.Es preciso, pues, informar sobre lo que puede significar el dejar llorar a una criatura "hasta que se calle", "para que aprenda", etc. Porque quizá al principio se calle por cansancio físico y se duerma (una primera reacción de supervivencia); pero si se repite a menudo, lo que se hace es empujar a la criatura del estado de desesperación a estados de desconexión que se manifestarán en una amplia gama de síntomas autistas u otros, más o menos graves. Si el amor mantiene la salud, el desamor enferma. Dejar llorar a una criatura es un gran acto de desamor.
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(...) La separación madre y criatura produce, con palabras de Bergman, un impacto de por vida (a lifelong impact). Pues bien, este impacto fisiológico y neurológico que ahora se está poniendo en evidencia, fue observado y descrito hace ya más de 30 años por Michael Balint en el análisis psíquico; lo llamó "Falta Básica" (8).
Aquí también el paralelismo de lo psíquico y lo somático es un chorro de luz que alumbra la integridad y la unidad psicosomática de las criaturas humanas. No puede haber impacto fisiológico sin impacto psíquico y viceversa.
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Como decía, tras cincuenta años de práctica psicoanalista, Balint encontró de modo generalizado en sus pacientes, en la parte más primaria de la psique, por debajo de la construcción edípica, una herida, falta, o falla, producida por la ruptura del primary love. Sobre esta herida, dice: su influencia se extiende ampliamente, y es probable que se extienda a toda la estructura psicobiológica del individuo y abarque en varios grados tanto su psique como su cuerpo. Ahora la descripción fisiológica del survival mode y el programa de defensa regulado por las hormonas del stress, así como los recientes hallazgos de la neurobiología mencionados, ratifican la descripción de las características de la herida primaria hecha desde el psicoanálisis.
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Balint asegura que la herida psíquica de este impacto alienta una gran ansiedad y se mantiene altamente activa toda la vida. Por eso, a lo largo de nuestras vidas, cuando se produce una alteración o cuestionamiento del equilibrio emocional edípico, con el que hemos arropado la herida y sobre el que hemos construido nuestro "ego" (el ejemplo más común es la ruptura de una pareja estable), se nos queda la herida al descubierto y aflora la ansiedad que mana de la Falta Básica. La ruptura de la pareja adulta no cuestiona nuestra existencia, ni tendría por tanto que provocar un sentimiento de angustia tan fuerte; pero la ruptura de la pareja con la madre sí significó un cuestionamiento de nuestra existencia. Esto quiere decir que el miedo y la ansiedad que afloran en la edad adulta provienen de la herida primal (que aunque enterrada se seguía manteniendo "altamente activa") que ha quedado al descubierto, provocando alteraciones graves en el comportamiento, violencia criminal, etc.
Referencias:
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1: Bergman, N. Restoring the original paradigm es un documental que contiene una información muy completa sobre el paradigma maternal. Existe otro documental más corto : Rediscover the natural way, que está traducido al castellano y que se puede conseguir pidiéndolo a : encargos.libros@laligadelaleche.org En http://www.kangaroomothercare.com/ se puede pedir el Restoring the original paradigm y descolgar varios textos, los estudios clínicos de Bergman en Mowbray Hospital de Cape Town, etc.
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2: Lloyd de Mause. The neurobiology of Childhood and History y War as righteus Rape and Purification, citados en "El llanto infantil y el cerebro". http://www.dormirsinllorar.com/ y http://www.psycohistory.org/.
3: Bergman, N. Le portage kangaroo. VI éme Journée Internationale de l`Alaitment. París, marzo 2005.
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4: Schore, AN. The effects of early relational trauma on right brain development, affect regulation, and infant mental health. Infant Mental Health Journal 2001; 22 (1-2): 201-269.5: Odent, M. Boletín del Primal Health Research Centre (http://www.primalhealth.org/). También desarrollado por Odent en I Congreso Internacional sobre Parto y Nacimiento en Casa, en Jerez de la Frontera, oct. 2000, y recogido en el libro La cientificación del amor. Ed. Creavida, Argentina, 1999.
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6: Prescott, JW. Body Pleasure and the Origins of Violence. Bulletion of the Atomic Scientist 1975. Está disponible la traducción del artículo al castellano en internet en esta dirección: http://www.violence.de/prescott/bulletin/article-es.html Es de notar que existe un importante error de traducción en la tabla 1 del artículo: Donde dice “bajo bienestar” en el original pone "low display of wealth", algo así como “escasa exhibición u ostentación de riquezas".
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7: Citado por Carlos Fresneda en Las raíces afectivas de la inteligencia. El Mundo, 22.09.2003.
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8: Balint, M. La Falta Básica. Paidós, Barcelona 1993. 1ª publicación: Londres y Nueva York 1979.

domingo, 23 de septiembre de 2007

La demanda externa de partos naturales en el Hospital de la Plana satura el paritorio



Casi un centenar de embarazadas de otras áreas sanitarias han pedido su traslado en 2007 al centro de Vila-real .

Néstor Vilar, Castelló La capacidad de decisión de la madre y no recurrir a intervenciones quirúrgicas más allá de lo necesario son, a grandes rasgos, las claves del parto no medicalizado, humanizado o natural, formas de designar a esta modalidad implantada en el hospital de la Plana de Vila-real. Desde enero de este año, 98 mujeres de otras áreas han solicitado un cambio de obstetricia para tener la Plana como lugar preferente para dar a luz, pues es el único centro público de la Comunitat Valenciana que ofrece esta opción. El parto no medicalizado es el primer motivo que alegan las embarazadas para su cambio de obstetricia, según confirman fuentes sanitarias. Otro motivo es que el hospital de Vila-real es el único de la provincia donde puede donarse la sangre del cordón umbilical. Las 98 solicitudes procedían de otras zonas sanitarias de Castelló y también del resto de la Comunitat. La cifra no es desdeñable para un hospital que, de enero a julio de este año, acogió 1.067 partos. Cerca del 60% de las mujeres solicitó métodos no medicalizados, y el hospital ha conseguido la tasa más baja de cesáreas (un 17% de los partos) en la Comunitat. Sin embargo, este volumen de traslados no estaba previsto. Desde el personal del paritorio avisan de que el servicio ha llegado a su límite: «No hay recursos humanos, ni materiales ni espaciales para absorber tanta gente». Como ejemplo, las fuentes citadas explican que en el paritorio suele haber dos matronas por turno (y una supervisora por las mañanas), y que tienen sólo cuatro unidades de dilatación. De hecho, ha habido momentos en que el paritorio estaba completo y han tenido que derivar a otros hospitales a parturientas a quienes correspondía alumbrar en la Plana. Y si no se llega a ese extremo, es gracias al «sobreesfuerzo» del personal sanitario, que está atendiendo una media de seis partos diarios, y calcula que uno de cada diez procede de otra área sanitaria. Por ello, los trabajadores sanitarios creen que pronto habrá que denegar las solicitudes de traslado que, de momento, se han aceptado invariablemente. También fuentes sindicales consideran contraproducentes estos traslados, pues la plantilla y las instalaciones «se crearon según la población que tenían asignada, y con los traslados se están alterando sus ratios y aumentando la presión, mientras quizás se está desaturando el Hospital General de Castelló». Las fuentes consultadas coinciden en la necesidad de multiplicar la oferta de parto natural en el sistema sanitario, bien ampliando la capacidad de absorción de la Plana, bien implantando la modalidad en el resto de centros hospitalarios. Algunos abogan por esta última opción, pero otros advierten de que se trataría de un proceso muy lento, pues la adaptación del personal a las nuevas técnicas sería difícil. Otra opción es constituir un centro de referencia que pudiera absorber a todos los interesados.
Fuente:Periódico El Levante-EMV Castellón 19/09/2007

El Gobierno quiere naturalizar más los partos

El Ministerio de Sanidad quiere poner en marcha un plan para reducir el número de cesáreas que se practican en nuestro país y naturalizar más los partos. Según los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta el 40 por ciento de los partos que se realizan a través de esta intervención podrían evitarse.

El 7% de los partos en España es con fórceps y un 20% con cesárea
La prioridad del Ministerio es evitar la intervención médica en el parto en la medida que sea posible. En España cada año 100.000 niños nacen por cesárea, 36.000 más de lo que sería conveniente según la OMS. El pasado mes de julio, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) ofreció datos oficiales sobre el parto en nuestro país. De los 400.000 partos que cada año se registran, un 73% son normales, un 20 son por cesárea y tan sólo un 7 por ciento requieren la utilización de fórceps, un instrumento cuyo empleo tenderá a disminuir tras una reciente sentencia que condenó a un médico por su uso "excesivo".
En la propuesta del Ministerio se contempla el aumento del número de matronas para darles un papel prioritario como ocurre ya en algunos países europeos. La presidenta de la Asociación de Matronas, María Ángeles Rodriguez Rozalen, resalta el importante papel que estas profesionales tienen durante el parto y asegura que "hay dos zonas bien diferenciadas en los hospitales maternales donde la zona de bajo riesgo es gestionada exclusivamente por las matronas y los médicos son para ellas meros consultores".
Con esta medida el departamento que dirige Bernat Soria busca intentar evitar la cesárea, la episiotomía, los fórceps e incluso la epidural que ralentiza la dilatación. Según un estudio avalado por la organización mundial de la salud el 42 por ciento de las mujeres que parió por cesárea no tuvo más bebés.
Fuente: TERESA RUBIO / CADENA SER 17-09-2007

martes, 3 de abril de 2007

El Parto es mío

Nosotras parimos, nosotras decidimos. La vieja consigna feminista cobra nueva vigencia. Dueñas del poder de concebir, muchas exigen ahora el derecho a parir como quieran, más allá de la asistencia uniforme, impersonal y medicalizada de los hospitales. Así se pare en España.
"¿Que en Holanda paren en casa? Pues mal hecho" (presidente de los ginecólogos)
Son las mujeres del 'baby-boom' las que piden hoy parir a la carta
No es un grito ni un gemido ni un aullido. El lamento de una mujer en las últimas contracciones del parto no se parece a nada. Sale de las entrañas. Acaba como empieza. Intenso, profundo, sostenido. Como si no pudiese doler menos ni más. Como si fuera la vida en ello. Pilar Rubio lleva 40 minutos mugiendo de esa manera cada 90, 60, 30 segundos.
Está en un cuarto en penumbra, sentada en un taburete semicircular que la mantiene en cuclillas a 40 centímetros del suelo y echada sobre su marido, al que estruja las manos en cada empujón. Enfrente, agachado a su altura, Antonio, el matrón. Un aura de inminencia lo impregna todo. "¡Empuja, fuerte y seguido, como si estuvieras en el váter, que ya la tenemos!". Otro bramido sobrecogedor y ocurre. La coronilla morena que asomaba entre las piernas se escurre a las manos de Antonio y surge de repente el cuerpo de la pequeña Pilar.
-¡Ay, mi niña!
El suspiro exhausto y feliz de la madre segundos antes de que la hija rompa a llorar sobre su pecho certifica los hechos. El nacimiento de una ciudadana española en el hospital público La Inmaculada, en Huércal-Overa (Almería), a las ocho menos diez de la tarde del 15 de febrero de 2007. Uno de los casi medio millón de partos que habrá este año en España. Pero el de las dos Pilares ha sido un parto particular.
Desde que empezó a "tener molestias" en su casa de Vera hasta que ha visto la cara a su bebé, el cuerpo de Pilar ha hecho solo el trabajo. Todo el trabajo. Ha ido a recoger a su hijo José al colegio. Ha comido unas patatas con salchichas. Ha fregado los platos. Ha dejado al crío con los abuelos y ha enfilado con su marido a Huércal-Overa con contracciones cada cinco minutos. Al ingresar, con seis centímetros de dilatación, las patatas se rebelan en vómito. Será la única incidencia en las tres horas escasas que tarda Pilar en parir sin más soporte técnico que las manos y la voz de Antonio Navarro. Un parto con dolor, ya se ha oído. Pero sin casi nada más. Un parto fisiológico. Natural. Normal. ¿Y eso qué tiene de particular? ¿Acaso no lo son todos?
El pasado 13 de agosto, Rosa Montero publicaba su columna en esta revista bajo el título El desastre de parir. Se trataba de una reflexión a propósito del libro La revolución del nacimiento (Granica, 2006), de Isabel Fernández del Castillo. El ensayo ilustra -y deplora- el catálogo de actuaciones médicas con las que se aborda protocolariamente la asistencia al parto en España. Un rosario de actuaciones rutinarias -rasurado genital y aplicación de un enema a la madre; monitorización inmovilizante de parturienta y feto durante la dilatación; perfusión de oxitocina para acelerar las contracciones; la obligación de parir tumbada boca arriba, o la realización sistemática de un corte en el periné- que, según la doctrina de la Organización Mundial de la Salud, no sólo son innecesarias de forma general, sino que pueden provocar más sufrimiento que seguridad a madre e hijo.
La embarazada, sostenía Montero citando a Del Castillo, no está enferma. Su cuerpo sabe parir. El creciente número de cesáreas -así acaba el 35% de los partos en clínicas privadas y el 21,5% en las públicas- en España sería el colofón del "círculo vicioso" de "estrés y dolor" que provoca la aplicación indiscriminada de unos protocolos basados en una "visión patológica, intervencionista y jerárquica del parto".
La respuesta de los lectores fue fulminante. Más de 200 correos electrónicos y cartas inundaron la redacción. Madres traumatizadas por la asistencia "intervencionista y deshumanizada" a su parto. Médicos y sanitarios ofendidos reivindicando su trabajo "por la seguridad de madres e hijos". Pero también madres satisfechas con la atención "técnica y humana" a su alumbramiento. Y profesionales -muchas matronas, algún ginecólogo- que, trabajando dentro del sistema, abogaban por un cambio. Montero había tocado una llaga.
Que tengas una hora corta, se desea a las embarazadas aludiendo a los rigores del parto. Un proceso fisiológico que se inicia con una serie de contracciones in crescendo hasta provocar 10 centímetros de dilatación en el cuello del útero y culmina con el alumbramiento del feto y la placenta. El trayecto de 12 centímetros desde el claustro materno al exterior es el viaje más arriesgado de la vida. Un periplo de mucho más de una hora. Seis, doce, quince horas son tiempos habituales entre dilatación y expulsión. El dolor, los nervios, incluso el miedo, son consustanciales a la aventura de parir. Pero también la ilusión, la alegría, incluso la euforia. La experiencia es tan intensa que en muchas cenas de cuarentones ellos acaban contando sus milis y ellas sus partos. Y cada una lo cuenta como le fue.
La web de la Asociación El Parto es Nuestro -www.elpartoesnuestro.es- rebosa de relatos de este tipo. "La página nació en 2002, cuando varias mujeres traumatizadas por una triste experiencia de parto nos encontramos en Internet y decidimos intentar cambiar las cosas", dice Francisca Fernández, de 39 años, abogada y fundadora. Francisca es madre de una niña de cuatro años nacida en un hospital público, "el de Móstoles, donde pisotearon mis derechos y los de mi hija", y de dos gemelos que parió en su casa, asistida por una matrona, en un parto "natural y gozoso" elegido -y pagado- por ella tras evaluar las alternativas.
Fernández y sus compañeras abogan porque eso, la libre elección sobre la forma de traer a sus hijos al mundo, sea "un derecho, y no un bien de mercado o una lotería, según el equipo que te toque". "Reivindicamos una mejor atención al parto, un trato más humano y respetuoso, que nosotras y nuestros hijos seamos los protagonistas. Que las mujeres tengan información y puedan decidir cómo quieren parir, dejando de ser objeto pasivo de intervenciones rutinarias. En definitiva, que se respeten las recomendaciones de la OMS".
Fernández se refiere al documento Tecnología apropiada para el parto, contenido en la Declaración de Fortaleza y publicado en Lancet en 1985. En él, la OMS aboga por un modelo de atención al parto sin más ayuda técnica que la precisa en cada caso. Y concluye: "Algunos países con la menor mortalidad perinatal tienen menos de un 10% de cesáreas. No puede justificarse que ninguno tenga más de un 10%-15%".
El profesor José Manuel Bajo Arenas es, como presidente de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), el encargado de legislar los aspectos médicos de la atención al parto en España. Es un hombre vehemente. No admite tirones de orejas. Ni siquiera de la OMS. "La culpa de que se hagan esas cesáreas es de la demanda. En un doble sentido. Los obstetras somos, después de los plásticos, los médicos que más demandas recibimos. Los padres no aceptan que un mal resultado pueda no ser culpa del médico. Entonces, pocos se arriesgan a partear un parto duro -unas nalgas, un fórceps- por abajo y van a la cesárea. Pero es que hay otra demanda. Se habla mucho de las que quieren parto natural, pero no de las que, cada vez más, vienen pidiendo una cesárea. Porque no quieren parir, porque es rápida y segura. Por lo que sea, pero la piden. La Ley de Autonomía del Paciente las ampara, y si un ginecólogo no se la hace, se van a otro. Ahí tiene usted las causas de las cesáreas. Y vamos a más. En Estados Unidos están en el 50%, y nosotros llegaremos. La obstetricia se acaba".
La calidad de la atención al parto se mide, según Bajo Arenas, en seguridad. "Desde que se estandarizó el parto hospitalario se ha mejorado espectacularmente. Se ha pasado del 30 por mil de mortalidad perinatal en los años sesenta al siete por mil actual. Y de las dos mujeres cada 100 que morían pariendo en casa a principios del siglo XX, a una sola muerte por cada 17.000 partos que se atienden ahora en el hospital. En África hoy muere una mujer por cada 90 partos".
Eso, respecto a la cuenta de resultados. En cuanto a los procedimientos, Bajo remite a las Recomendaciones para la organización de un servicio de obstetricia y ginecología, un documento editado por la SEGO bajo su mandato. "Hemos adoptado las recomendaciones de la OMS que nos parecen razonables. Decimos que el rasurado y el enema no son necesarios, que la estimulación con oxitocina no debe ser sistemática. Que se deje caminar a la mujer en la dilatación, que la postura de parto sea libre y que no se haga episiotomía rutinariamente. Mírelo usted: no voy a defenderme de cosas que no son ciertas". La última revisión del manual, en 2005, recoge efectivamente los cambios. Pero ¿se aplican en los paritorios? "Nuestro documento es taxativo, pero no me puedo hacer responsable de lo que cada uno haga en su hospital. Eso es como decir que está prohibido robar, y hay gente que roba".
El tono de Bajo Arenas revela cierto mar de fondo insólito en una institución supuestamente sosegada como una sociedad científica. "Sí", admite, "nos sentimos atacados por quienes dicen que la asistencia al parto en España es deplorable. Estadísticamente, entre un 20% y un 30% de los embarazos son de riesgo, pero eso no quiere decir que el otro 70% u 80% no los puedan tener. Nunca se puede saber a priori cuándo un parto va a ser normal. Un parto es una situación de riesgo potencialmente mortal para la madre y el niño, y quien no sepa eso es que no ha visto parir en su vida. Todos se pueden complicar, y hay que tener los instrumentos adecuados al alcance. Medios técnicos. Un quirófano. Se trata de preservar la vida materna y la del niño, y eso sólo se logra en un hospital".
Es entonces, cuando se le menciona el caso de otros países -como Holanda- con excelentes indicadores de morbimortalidad y que promueven y sufragan la asistencia domiciliaria al parto normal a cargo de matronas especializadas, cuando el profesor estalla:
-Ya estamos con eso. Los holandeses lo hacen. ¡Pues mal hecho! Aquí es inviable. Una mujer en riesgo trasladada de urgencia en medio de un atasco es una temeridad inasumible.
El debate se ha venido larvando durante años y empieza a desbordar el ámbito de los paritorios o los hogares. No hay alarma social. No hay manifestaciones ni grandes titulares -"la mayoría de las mujeres no protesta, se conforma con tener a sus niños sanos y se calla el mal trago", dice Francisca Fernández-, pero algo se mueve en las maternidades españolas. Y la presión de grupos de mujeres como El Parto es Nuestro es sólo una de las partes implicadas.
El Observatorio de Salud de la Mujer, dependiente del Ministerio de Sanidad, ha tomado cartas en el asunto. Su directora, Concha Colomer, cree que la atención al parto "es buena respecto a los indicadores habituales de morbimortalidad, pero se puede mejorar". ¿Cómo? "Humanizándola. Disminuyendo prácticas no necesarias y favoreciendo la participación de la mujer". Consciente de que los cambios "no se pueden imponer", Colomer ha impulsado un proceso de debate e ideas para promover una "red de buenas prácticas" que "prediquen con el ejemplo y demuestren que se puede mejorar la calidad humana de la atención sin que los índices se resientan". "Hasta hoy ha primado la seguridad, ahora aspiramos a la calidad".
La Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME) agrupa a muchas de las 6.000 profesionales -tituladas después de tres años de Enfermería y dos de especialización- cualificadas para asistir partos normales. Ellas son las que bregan con las parturientas en los paritorios públicos. No tanto en los privados, donde las embarazadas exigen -y pagan- la presencia de un ginecólogo en su parto. Su presidenta, Dolors Costa, confirma "la movida".
"Las matronas estamos muy concienciadas. Nuestra tendencia es favorecer el parto fisiológico. Dejarlo progresar sin prisas y sólo intervenir con otros medios en caso necesario". La FAME, algunas de cuyas integrantes aplican sus convicciones -"hacemos partos naturales si la mujer lo pide, en el turno de noche, cuando no están los jefes de servicio", dicen algunas-, ha pasado a la acción. Va a publicar un protocolo para la asistencia natural al parto normal. Será su "contribución" a una "deseable adaptación de los hospitales para albergar un espacio de parto natural donde las mujeres que lo deseen puedan sentirse como en casa, y dar a luz de forma fisiológica, pero con la infraestructura hospitalaria al lado".
Algo así como lo que ocurre en el hospital de Huércal-Overa, donde la recién parida Pilar Rubio trata de que su hija se le enganche a la teta. Fueron las matronas las que, ya en 1987, "enseñaron" al nuevo jefe de obstetricia, Longinos Aceituno, que se "podía parir con igual seguridad" dejando a la mujer "su tiempo y su espacio" que con todo el arsenal técnico y farmacológico que el doctor había aprendido en la residencia.
Desde entonces, en Huércal-Overa se pare como lo ha hecho Pilar. En la cama, en la silla o en el potro obstétrico, dependiendo de la evolución y las preferencias de la embarazada. Con oxitocina, epidural, paritorio y quirófano a mano. Pero sólo si la mujer lo pide o lo precisa. Coordinador del Proceso de Embarazo, Parto y Puerperio del Servicio Andaluz de Salud, Aceituno recorre los hospitales de su comunidad y es el primero en constatar la reticencia de sus colegas a los cambios. "Yo he podido introducirlos porque soy el jefe, pero en muchos sitios prima la inercia. Por varias razones. Está el miedo a las demandas, claro. Lo primero que hace un juez es tirar de protocolo, y si tú no pones un enema y hay una infección, por ejemplo, te va a preguntar por qué no lo pusiste". Una mezcla de inseguridad ante las dificultades e inquietud ante una posible pérdida de influencia -y poder- de los obstetras a favor de las matronas en los hospitales podría explicar el no de los más reacios.
Consuelo Català se "congratula" de estas iniciativas "y otras", como el hospital Clínico de Barcelona, o el de Santa Caterina, en Girona, o la casa de partos que acaba de aprobar el Gobierno balear en Palma, pero cree que "no bastan".
Català, buena conocedora de los ambientes sanitarios -es enfermera, y su marido, Enrique Lebrero, es obstetra y dirige la clínica Acuario, en Alicante, especializada en parto natural-, es diputada socialista en las Cortes Valencianas. Lleva 20 años "luchando por los derechos de la madre y el niño en el nacimiento", y cree que éste es el momento de cambiar el sistema. "Algunas comunidades han legislado sobre la oferta de parto natural, pero luego no se concretan si no se implican los profesionales. Hay que dejar claro que no se trata de una guerra gremial. Ni de obligar a nadie a parir de una forma determinada. No hay que renunciar a nada. Ni a la epidural, ni a la técnica, ni al quirófano, si hace falta. Se trata de crear unidades de parto natural en los hospitales, de informar a las mujeres sobre las distintas alternativas y dejarlas que decidan. La oferta generaría la demanda".
Català, como Costa, como Lebrero, es realista. Y consciente de que lo de "parto natural" puede sonar a tortura china a una generación habituada a pedir la epidural antes de ver la marca roja en el Predictor. "Lo que no saben, porque no se les dice, es que mucho del dolor de un parto medicalizado lo provocan los protocolos innecesarios. La oxitocina acelera artificialmente las contracciones. La monitorización constante impide dilatar moviéndose. Y con los nervios y el estrés piden la epidural a gritos. Pero un parto natural, con tu pareja, a tu ritmo, con sólo la ayuda que tú demandes, puede ser una vivencia maravillosa. Intensa y salvaje. Como un orgasmo. Sí", dice Lebrero, "el parto es sexy".
En España, hace poco más de medio siglo, sólo parían en el hospital las pobres de solemnidad. "La hospitalización empezó por las madres solteras, para las que se crearon unas maternidades a finales del siglo XIX. Pero la gente paría en casa, atendida por una matrona. Las ricas pagaban a un tocólogo que las atendía a domicilio. No fue hasta entrados los años cincuenta cuando se generalizó la atención hospitalaria". José Antonio Usandizaga, de 78 años, es autor del primer volumen de la Historia de la ginecología y obstetricia española (SEGO). Bajo su dirección como jefe del servicio de obstetricia del hospital La Paz nacieron más de medio millón de madrileños. El baby-boom. Entre 70 y 80 partos diarios, con días de 100. El doctor Usandizaga recuerda la monitorización fetal y la aplicación de oxitocina para regular el parto como grandes hitos técnicos de su época. Los que "permitieron tener muy controlados a la parturienta y al feto, detectar precozmente el sufrimiento fetal y aumentar espectacularmente la seguridad". La aplicación sistemática de esas técnicas se vivió ?Usandizaga se jubiló en 1998? como una "gran tranquilidad para médicos y mujeres".
Así nacieron las embarazadas de ahora. Las que quieren decidir cómo parir. Algo ocurrió en algún momento entre 1990 y 2000. El INE llevaba años constatando la caída de la natalidad. Las mujeres tenían menos hijos, más tarde. Y ya se sabe que lo raro vende. El embarazo, un estado transitorio cuyas consecuencias en la imagen muchas trataban de minimizar, cuando no de ocultar, se convirtió en tendencia. Las firmas premamá empezaron a contratar a modelos embarazadas. Mujeres reales con tripas de verdad. La barriga era bella. La industria pasó de camuflar el vientre gestante bajo informes túnicas a exhibirlo con ajustados modelos que pregonaban al mundo: sí, estoy preñada.
Quizá sea cosa de la edad. Las primíparas no son ya veinteañeras inexpertas, como muchas de sus madres. Son mujeres hechas y derechas. Treintañeras, incluso cuarentonas. Universitarias, trabajadoras. Independientes, con ideas propias. Dueñas del poder de concebir cuándo y cómo quieren que empiezan a reivindicar parir como desean.
Como Aitana Sánchez-Gijón e Icíar Bollaín, que coincidieron en sus respectivos segundos partos en Acuario. Aitana, para sentirse "como mujer, con capacidad de dar a luz, dueña de mi parto, sin intromisiones, sin estrés añadido, haciendo lo que me pedía el cuerpo, y no atada a un potro antinatura. Y sí con dolor. Pero un dolor natural que estás preparada para soportar. Transitar por ese dolor, vivirlo conscientemente, es un privilegio, y me ha hecho más fuerte". Icíar, para vivir un parto "suyo" después de un primero "frustrante" en el hospital de La Concepción de Madrid.
Pero también como Remedios Calero, que acaba de parir a Sofía en la clínica privada Belén de Madrid y está "encantada" con su parto programado: "Así he podido venir tranquila y dejarlo todo organizado". O como Ana Urías, feliz con sus gemelos tras una cesárea en La Paz: "No quiero protagonismo, lo importante es la seguridad". O como Conchi, que ha pagado 1.900 euros a una matrona para tener a Darío en su casa. O como Paz Vega, que ha hecho casting de ginecólogos antes de decidirse por la clínica Ruber Internacional. La misma donde vino al mundo, mediante cesárea, Leonor de Borbón Ortiz, heredera del heredero de la Corona, y donde nacerá pronto su hermana pequeña.
Mientras tanto, media hora después de parir, a Pilar Rubio le han traído la cena. Sopa, merluza y flan. Huelen bien. Pero ahí se quedan: "Aún me estoy acordando de las patatas con salchichas".

El desastre de parir

Durante muchos años he ido posponiendo en mis artículos un tema verdaderamente lastimoso: las malas prácticas médicas que se aplican en España, de manera casi generalizada, a la hora del parto. A lo largo de este tiempo decenas de mujeres me han contado diversas situaciones indignantes que han tenido que soportar para dar a luz. Supongo que, como yo no tengo hijos, he estado esperando a que otra escritora que sí hubiera pasado por ello contara lo que ocurre con el añadido de su testimonio personal. Hace un par de años, Lucía Etxebarría me explicaba exasperada lo que había sufrido cuando nació su niña, y se prometía escribir algo al respecto. Pero creo que todavía no lo ha hecho.
Animar a las parturientas a empujar apenas acorta el parto

Y resulta que acabo de recibir un libro luminoso y formidable sobre el tema. Se titula La revolución del nacimiento, está escrito por Isabel Fernández del Castillo y acaba de ser publicado por Granica. Todo lo que cuenta el libro es de una sensatez apabullante; y aún así, Isabel, a quien sólo conozco a través de un par de cartas por
e-mail, me comenta la resistencia de los medios a tratar este tema y de qué manera el peso del poder obstétrico dificulta que salgan a la luz opiniones distintas.
En las opiniones distintas de Isabel, que en el libro aparecen bien desarrolladas y documentadas, resuenan todas las quejas, todos los gritos y todas las lágrimas de las muchas mujeres que, como digo, me han ido contando durante todos estos años su triste historia. Porque el problema, como bien señala Fernández del Castillo, es que aquí la mayoría de las veces se utiliza un sistema erróneo. Resumo las ideas del libro: el parto, como es obvio, es un acontecimiento involuntario dirigido por la parte más primitiva de nuestro cerebro. De manera que no puedes ayudar a que se produzca (de la misma manera que no puedes ayudar a que alguien se duerma), sino que lo único que puedes hacer es crear las condiciones idóneas para que suceda.
Sin embargo en España, y en Latinoamérica, continúa imperando una visión del parto patológica, intervencionista y jerárquica. A la parturienta se la considera una enferma (y no lo es); y además una enferma privada de derechos que en otras especialidades médicas sí se pueden ejercer. Lo necesite o no, sobre la parturienta a menudo se aplican rutinas desaconsejadas por la Organización Mundial de la Salud. Por ejemplo, la episiotomía (el corte vaginal) o el goteo (que acelera el parto y provoca mayores sufrimientos en la madre y el niño), sin información de las consecuencias de las mismas y de que existen otras alternativas.
Pero prefiero contarlo en positivo, desde el otro lado, porque se puede dar a luz de otra manera y porque el parto no tiene por qué conllevar el trauma, la pesadilla y la sensación de maltrato que a menudo se experimenta en España (aquí también hay médicos sensatos, pero son los menos y no están demasiado bien vistos por el entramado oficial médico). Y es que en Europa (es decir, en la UE), dar a luz es algo muy distinto.
De nuevo sigo el libro de Fernández del Castillo: en otros países, la mujer no tiene que parir en la atmósfera fría y quirúrgica de los paritorios españoles, sino que lo hace en la intimidad de su habitación. En Europa no se rasura, no se pone enema ni se rompe la bolsa, y se procuran realizar los menos tactos posibles. No existe ese arcaico instrumento de tortura llamado potro obstétrico, y mientras dura la dilatación las madres pueden moverse a su gusto y hacer uso de medios naturales para paliar el dolor: darse un baño, recibir un masaje, sentarse en grandes pelotas de goma. Además pueden adoptar la postura que les sea más cómoda para parir: en el taburete obstétrico, en cuclillas, a cuatro patas… Y desde luego, y salvo que sea imprescindible, no se les pone ese terrible goteo acelerador que aquí reciben casi todas y que tan cómodo es para médicos y enfermeras, que así ajustan la hora del nacimiento para cuando les conviene. El parto está dirigido naturalmente por la hormona oxitocina, cuya secreción se bloquea con la adrenalina. El enorme estrés con que se hace parir a las mujeres en España dispara la adrenalina, comenzando así un círculo vicioso que aumenta la necesidad de recurrir a la cesárea y los fórceps, y desde luego a la epidural, una supuesta conquista femenina que a menudo tan sólo sirve para paliar el desastre de dolor y trauma que han creado con un sistema obstétrico obsoleto.

jueves, 29 de marzo de 2007

Valencia implantará el parto no medicalizado en los hospitales de la comunidad

El Plan de Salud presentado por la consejería de Sanidad valenciana incluye como una de sus novedades la salud perinatal. La atención ginecológica con un parto humanizado, la promoción de la lactancia materna y la reducción del porcentaje de nacimientos pretérmino son algunos de los objetivos para los próximos años.

Por Victoria Quesada Sacristán 15/03/2007
La consejería de Sanidad de Valencia, con el objetivo de mejorar la salud de recién nacidos y madres, va a incentivar la promoción de la salud de la mujer con una especial atención al proceso de la maternidad. El parto no medicalizado es uno de los proyectos más destacados del Plan de Salud presentado por Rafael Blasco, consejero de Sanidad de la comunidad valenciana. Se trata de una técnica que fomenta el contacto físico entre la madre y el bebé y que facilita la participación de la pareja.
Según Antonio Galán Serrano, director general del Área de Calidad y Atención al Paciente de la consejería de Sanidad de Valencia, es un proyecto que responde a las necesidades de aquellas mujeres que no desean dar a luz bajo la administración de medicamentos o bajo los efectos de la epidural. Esta alternativa para dar a luz se realiza siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia.
Humanización del partoLa técnica, que contempla la posibilidad de parir sin la realización de episiotomías, sin utilizar enemas y sin administrar oxitocina, es aplicable en aquellos partos que no presenten ningún riesgo. El proceso también suprime la monitorización continua del feto y favorece la movilidad de la mujer durante el parto. “Este proceso permite una dilatación más libre. Es una forma de dar a luz más fisiológica, natural y humana”, ha explicado Galán.
La camilla del quirófano se sustituye por una silla donde la mujer puede dar a luz sentada, acompañada de quien ella elija. Para soportar las molestias dispone de una gran pelota que le ayuda a realizar ejercicios que disminuyen el dolor. De esta manera “se logra que el momento sea más familiar y agradable, atendiendo a las mujeres según sus necesidades específicas”. Además, la paciente es informada desde la primera consulta, de manera que se irá realizando un seguimiento apropiado según avancen los meses del embarazo. El objetivo es instaurar esta técnica en al menos 20 de los 22 departamentos de Valencia de forma progresiva.
EducaciónPara que este proyecto se pueda desarrollar con éxito no son necesarios más recursos, sino que “lo que realmente se necesita es una educación dirigida a la sociedad y a los facultativos”. Galán ha querido destacar el empeño de la matrona Soledad Carregui y del ginecólogo Manuel Fillol Crespo, del Hospital La Plana, de Valencia, por “impulsar esta labor a pesar de la dificultad que entraña el educar y orientar tanto a las pacientes como a los profesionales en esta nueva concepción de la maternidad”.

martes, 12 de diciembre de 2006

EL PARTO ES UNA CUESTIÓN DE PODER

INTRODUCCIÓN

La primera duda sobre el parto, es decir, sobre todo lo que normalmente se asocia a un parto: dolor, dificultades y riesgos diversos, médicos, controles de embarazo, quirófanos y salas de parto, llanto y reanimación de bebés, etc., nos alcanzó al darnos cuenta de que la Biblia dice a la mujer 'parirás con dolor', en tiempo futuro; es decir, que de algún modo también se dice que no había sido así en el pasado ni lo era, al menos de forma generalizada, en aquel presente, hacia el 2000-2500 a.c.
Podemos ya datar el comienzo del parto con dolor y del nacer sufriendo, porque desde hace unas décadas estamos presenciando los efectos de la llamada 'revolución arqueológica' (1) que comienza después de la II Guerra Mundial. Se trata del desenterramiento físico de la sociedad PRE-patriarcal, que los padres de nuestra civilización habían conseguido mantener oculta para la gran mayoría. Este desenterramiento físico nos está desvelando la verdad histórica que yace oculta en los mitos sobre nuestros orígenes divulgados por las diferentes culturas y religiones. Mitos que en general han manipulado y cambiado el sentido de los grandes cambios sociales, guerras y acontecimientos que tuvieron lugar a lo largo de 3000 años de transición y consolidación de la sociedad patriarcal, con el objetivo de borrar de la memoria y de la imaginación el modo de vida anterior.
La duda suscitada por el 'parirás con dolor' se convirtió en legítima sospecha cuando leímos a Bartolomé de las Casas (2) quien, entre otras cosas interesantes, dice que las mujeres del Caribe de hace 500 años parían sin dolor -la generalización del patriarcado no alcanzó aquellas islas hasta la llegada de la expedición de Colón-.
Voy a tratar de explicar brevemente las dos grandes interrogantes que esto, el que se pueda parir y nacer sin sufrimiento, nos plantea: el cómo y el por qué. El cómo fisiológicamente puede haber esa diferencia abismal en los partos, y el por qué se produjo el cambio.

1.- PARIR Y NACER SIN DOLOR ES POSIBLE (3)(I) (II)
La diferencia entre un parto y un nacimiento con dolor o con placer creemos que reside en la sexualidad y en el deseo sexual de la mujer. Si se trata de una mujer que ha desarrollado su sexualidad, y su cervix se abre en un proceso de excitación sexual, o si se abre sin ese proceso. Esta afirmación requiere entender lo que es el útero:(III)El útero es una bolsa de tejido muscular de fibra lisa y de fibra estriada, con una puerta de salida que puede cerrarse herméticamente y abrirse hasta los famosos diez cm. para que salga el bebé. La bolsa uterina integrada en el cuerpo de la madre fue un gran invento evolutivo que resolvió de forma prodigiosa la contradicción entre la consistencia del envoltorio protector para que crezca el embrión, y su salida al llegar a término. Pues el tejido muscular es fuerte y al mismo tiempo elástico y flexible; elástico para albergar a la criatura según va creciendo, fuerte para apretar las fibras musculares del cuello y aguantar 10 ó 12 Kg.. de peso contra la fuerza de la gravedad (somos mamíferas que adquirimos la posición erecta, dejando el orificio de salida a merced de la gravedad), y flexible para la total relajación y apertura de la salida. Y todo esto con un dispositivo de cierre y apertura que se activa mediante las conexiones neuromusculares y la sexualidad de la mujer. Este dispositivo de apertura no es otra cosa que el orgasmo y el proceso de excitación previa, pues no es el dolor, sino el placer, como decía Ola Raknes (4), lo que hace rodar la rueda de la vida. El Poder ha creado el Valle de Lágrimas, pero la vida es el Jardín del Edén.(IV-V)Veamos cómo van encajando las piezas del puzzle: sabemos que la oxitocina que se inyecta en vena para provocar o acelerar un parto, es la misma hormona que segregamos durante la excitación sexual. Sabemos (Masters y Johnsons (5)) que en todo orgasmo femenino se producen contracciones uterinas. También, según, la sexóloga y psicoanalista Maryse de Choisy (6), que el verdadero orgasmo femenino es cérvico-uterino, al menos en su origen. Quizá no lo hayan relacionado con el parto, pero en zonas remotas de Arabia Saudita, la mujer que está de parto se ve rodeada de mujeres que bailan la danza del vientre, "hipnotizándola con sus movimientos rítmicos ondulantes para que también ella se mueva a favor del cuerpo en lugar de moverse contra él" (7). Y las mujeres de la India visualizan e imaginan pétalos de loto desplegándose para favorecer la apertura del cervix. (7)(VI)Detrás de la famosa 'danza del vientre', está, aunque nos la hayan ocultado, la danza del útero.
Hay diferentes testimonios escritos de la Antigüedad, que hablan de úteros que se movían. Platón decía que el útero era un animal que vagaba por el cuerpo de la mujer y que se enojaba cuando estaba insatisfecho; en el Corpus hipocrático del siglo IV a.c. se menciona varias veces el 'vientre errante' de las mujeres. Areteo de Capadacia en el siglo II escribió que el vientre de la mujer 'es un animal dentro de un animal' porque vaga por su cuerpo (8).
En la Grecia clásica se asociaba el desplazamiento hacia arriba del útero con los trastornos nerviosos o 'histéricos' (ya sabemos que histeria viene de hysteron, útero), y trataban de curar la enfermedad y de mover el útero aplicando olores tóxicos en la boca y la nariz (9).
El útero se representaba con un pez en el expresivo arte neolítico de la Vieja Europa (1), dedicado no a la manipulación sino a la recreación de la vida; y hay imágenes de mujeres con un pez dibujado en el vientre (VII); el mismo útero se representaba por todas partes, (VIII) en las cenefas y frisos; su repetición rítmica, en serie, entre huevos y espirales, etc. (IX) representaban la evolución y la generación periódica de la vida. Y el movimiento erótico de la mujer con ondas serpenteantes sobre sus cuerpos (X) o que salían de los pechos y del útero (XI). Durante al menos 5 milenios fue el útero y no el corazón el símbolo del amor y de la vida, representado en todo tipo de objetos; al igual que la serpiente, (XII) símbolo aún más generalizado de ese movimiento erótico, de la sexualidad de la mujer, durante varios milenios de civilización no patriarcal. Ha habido muchas otras representaciones simbólicas del útero y de la sexualidad de la mujer desconocida en nuestro mundo, que no podemos detallar aquí.
Sabemos que cuando la mujer se excita sexualmente, el útero empieza a latir, como un corazón, pero un poco más lentamente; como una ameba que se contrae y se expande, como el latido del cuerpo de una rana (los Taironas representaban el útero con una rana (10) (XIII)). En cada latido, el útero también se extiende y desciende, como un movimiento ameboide, hasta hacerse incluso visible desde el exterior en estado de excitación fuerte. Por eso en la Grecia clásica la mujer frígida era la mujer que tenía el útero arrinconado arriba . Este palpitar del útero no son sino los movimientos rítmicos de su tejido muscular impulsado por la emoción erótica; lo que desde nuestra perspectiva patriarcal que ha eliminado el deseo de la función reproductora, llamamos 'contracciones. La emoción erótica es la que hace palpitar el útero de modo placentero; y cuando la mujer recupera la sensibilidad y se restablece la unidad psicosomática útero-conciencia, como dice Merelo Barberá, (3) puede consciente o semi-inconscientemente acompañar ese movimiento, pues el útero también tiene conexiones neuromusculares con el sistema nervioso voluntario y el neocortex. Dejándonos llevar por la emoción erótica, las mujeres podemos, al igual que otras hembras mamíferas, 'empujar' los músculos uterinos, en el momento de la diástole de su latido, ampliando su onda expansiva, meciéndonos en la ola de placer, al mismo tiempo que mecemos a la criatura. Y sabemos que cuando el latido se convierte en las contracciones violentas de nuestros partos dolorosos, no solo las sufrimos nosotras, también la criatura las sufre (11).
El nacimiento es un acto sexual que se realizaría con la máxima gratificación del placer si la sexualidad de la mujer que pare no estuviese destruida. Incluso en nuestra sociedad, los que han investigado un poco el tema han censado una tasa de partos orgásmicos, mucho más elevada de lo que nos podemos imaginar (12), muchos de ellos dolorosos y orgásmicos al mismo tiempo.
Hay unos versos mesopotámicos, de los tiempos anteriores a la esclavitud de la mujer que dicen: Ninsurga, la gran madre, contrae la matriz y desencadena el parto (13). Esto nos da a entender que, con una sexualidad recuperada, la mujer podría incluso inducir, o contribuir voluntariamente a la inducción del parto. Por cierto que Ninsurga, también llamada 'Nintur' era conocida como 'la señora de la cabaña del nacimiento -o paridera' y como 'la señora del útero'.(14)
En su último libro Frederik Leboyer (15) afirma:
¿Que hace sufrir a la mujer que da a luz? ... la mujer sufre debido a las contracciones... unas contracciones que no acaban nunca y que hacen un daño atroz, ¡pero son calambres! todo lo contrario de las 'contracciones adecuadas'. ¿Qué es un calambre? Una contracción que no cesa, que se crispa y se niega a soltar su presa y, por lo tanto, no 'afloja su garra' para transformarse en su contrario: la relajación en la que normalmente desemboca. En otras palabras, lo que hasta ahora se había tomado por contracciones 'adecuadas' eran contracciones altamente patológicas y de la peor calidad. ¡Qué sorpresa! ¡Qué revelación! ¡Qué revolución en ciernes!.
Efectivamente, es una revolución, una revolución calostral como dice Michel Odent (16) porque la recuperación del parto y de la extero gestación son una misma revolución contra las bases mismas del Poder.
El parto duele porque los músculos que no se usan se atrofian y se agarrotan, y porque duele extender un músculo rígido, semiatrofiado. Sabemos que cuando los músculos quedan inmovilizados durante un tiempo por una escayola, necesitan ejercicios de rehabilitación para recuperar su elasticidad y su funcionalidad. Imaginemos lo que sería recuperar la elasticidad de un brazo de una persona adulta que ha permanecido inmovilizado toda su vida; imaginémoslo y desaparecerá la perplejidad que nos produce hoy el hecho de que se pueda parir con placer y de que pueda haber tanta diferencia entre una y otra clase de partos. Y si además tenemos en cuenta la conjunción de la inmovilización del útero con los factores del miedo y de la ignorancia, tendremos la explicación de por qué el 'parirás con dolor' es una ley que ha quedado 'atada y bien atada' por el Poder. Pues en cambio sí que se cuidan muy bien de que ignoremos todo sobre nuestra sexualidad y de que estemos bien informadas del dolor de los calambres del parto. Porque el miedo que se añade a la situación descrita, nos hace contraer los músculos en lugar de relajarlos y extenderlos, actuando en contra de la fisiología del parto; así nadamos en contra de las olas en lugar de a favor de ellas.
Tan rígido y contraído está el útero de una niña cuando llega a la adolescencia, que hasta la mínima apertura del cervix para la menstruación produce fuerte dolor. Pero el útero es recuperable y sabemos de jóvenes que tenían reglas muy dolorosas, que han dejado de tenerlas después de adquirir conciencia de su útero, visualizándolo, sintiéndolo y relajándolo.
El útero es el centro del esqueleto erógeno de la mujer. Filogenéticamente está preparado para funcionar produciendo placer y no dolor, lo mismo que está filogenéticamente previsto que el coito sea placentero. Lo que no está filogenéticamente previsto son las violaciones, es decir, las relaciones de Poder de nuestra sociedad que obliga a hacer funcionar el aparato reproductor de la mujer sin deseo y sin proceso de excitación sexual. Como tampoco está previsto filogenéticamente, en el continuo de la especie humana, que una mujer se haga adulta sin desarrollar su sexualidad.
En resumidas cuentas, desde nuestro punto de vista, el 'parirás con dolor' [el 'no usarás tu útero'] es el correlato de la destrucción de la sexualidad de la mujer, hecho histórico que comienza con la nueva era de jerarquización y de relaciones de Poder de un sexo sobre otro, y que se consolida paralelamente a la consolidación y generalización de la sociedad patriarcal. Este hecho histórico ha sido en cierto modo reconocido incluso por el mismo Freud cuando afirma que 'el continente negro', la sexualidad desconocida de la mujer, tenía que haber sido objeto de una represión específica, remota y particularmente inexorable (17).

2.- ¿POR QUE NECESITA EL PODER QUE EL PARTO Y EL NACIMIENTO SEAN DOLOROSOS?
Estamos con la segunda pregunta: ¿por qué le estorba al Poder la sexualidad femenina? ¿Por qué necesita que el parto y el nacimiento sean dolorosos, y cómo consiguieron que fueran así?
La respuesta es: por la cualidad específica de la líbido materna y su función en la vida humana autorregulada, tanto en el desarrollo individual de cada criatura humana, como en las relaciones sociales, en la formación social.
Vamos a tratar de verlo más despacio:
Las producciones libidinales se producen en general para la autorregulación de la vida y para su conservación. La sensación de bienestar que producen sus derramamientos y acoplamientos es la guía -como antiguamente lo era la estrella polar para los navegantes- de que todo está funcionando armónicamente, que todo va bien. La líbido femenino-materna se sitúa precisamente en el principio, para acompañar la aparición de cada ser humano, y es imprescindible para que el desarrollo de cada criatura sea conforme a su condición y al continuo humano; para producir el bienestar y la autorregulación de la vida.
En todos los mamíferos hay un 'imprinting' o atracción mutua entre la madre y el cachorro, pero en la especie humana, que somos una especie neoténica con un prolongado periodo de exterogestación y no sólo de crianza, este 'imprinting' se produce con una enorme producción libidinal para sustentar todo ese periodo de Inter.-dependencia. Como dice Balint (18) se trata de un estado de simbiosis (y no una serie de acoplamientos puntuales) entre madre-criatura que necesariamente implica la mayor catexia libidinal de toda nuestras vidas.
Esta especialmente fuerte catexia libidinal, para contrarrestar el fenómeno neoténico y asegurar la supervivencia, explica el que las mujeres fueran las primeras artesanas y agricultoras, y el origen de la civilización humana, según informa ya la antropología académica. (19) (XIV) (XV)
Porque la cualidad específica de la líbido materna es el devenir pasión irrefrenable por cuidar de la pequeña criatura (que es, por otro lado, quien la ha inducido); por alimentarla, protegerla de la intemperie, del frío y de la sequías, para darle bienestar; esta pasión desarrolló la imaginación y la creatividad de las mujeres para recolectar, hilar, tejer, hacer abrigos, conservar y condimentar alimentos, hacer cacharros con barro, etc. etc.. Es la condición misma, la cualidad del deseo y de la emoción materna, que para ese cuidado de la vida mana de los cuerpos maternos. Cualquier invento de amor espiritual no es sino una mala copia, un pálido reflejo de la intensidad, de la pasión y de la identificación absoluta del cuerpo a cuerpo madre-criatura. Y esta cualidad específica de la líbido materna, no es una casualidad ni una arbitrariedad. El cuerpo materno durante la exterogestación es nuestro nexo de unión con el resto del mundo durante la etapa primal, porque desde ese estado de simbiosis se pueden reconocer nuestros deseos y necesidades; a la vez que ese estado potencia las facultades y energías necesarias para satisfacerlas.
Ahora bien, nuestra sociedad actual no tiene nada que ver con la vida humana autorregulada; desde hace 5000 años vivimos en una sociedad que no está constituida para realizar el bienestar de sus componentes sino para realizar el Poder. Y por eso al Poder le estorba la sexualidad de la mujer, los cuerpos de mujeres que secretan líbido maternal.(XV) 1-4Porque una sociedad con cuerpos femeninos productores de líbido materna es incompatible con todo el proceso cotidiano de represión que implica la educación de niños y niñas en esta sociedad. La socialización patriarcal exige que la criatura se críe en un estado de necesidad y de miedo; que haya conocido el hambre, el dolor y sobre todo el miedo a la muerte por abandono, que es lo que psicosomáticamente percibe cualquier cachorro de mamífero cuando se rompe la simbiosis. Por eso la sociedad patriarcal se ha ocupado a lo largo de estos milenios de romper la simbiosis madre-criatura (Michel Odent) (16), para que nada más nacer la criatura se encuentre en medio de un desierto afectivo, de la asepsia libidinal, y de todo tipo de carencias físicas, para las que su cuerpo no estaba preparado. Desde este estado, que es el opuesto al de la simbiosis, se organiza su supervivencia a cambio de su sumisión a las normativas previstas por la sociedad adulta, a cambio de ser 'un niño@ buen@', es decir, que no llora aunque esté sólo@ en la cuna, que come lo que decide la autoridad competente y no lo que la sabiduría de su organismo requiere; que duerme cuando conviene a nuestra autoridad y no cuando viene el sueño; que se traga en fin los propios deseos para, ante todo, obtener una aceptación de la propia existencia que ha sido cuestionada con la destrucción de la simbiosis; complaciendo a l@s adult@s y a nuestras descabelladas conductas, sometiéndose inocentemente a nuestro Poder fáctico, se acorazan, automatizan y asumen las conductas convenientes a esta sociedad de realización del Poder -llámese dinero etc.- Así comienza la pérdida de la sabiduría filogenética de 3600 millones de años y el acorazamiento psicosomático.
El acorazamiento tiene dos aspectos básicos:
1) la resignación ante el propio sufrimiento (condición emocional para la sumisión) y
2) la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno
Es decir, que para sobrevivir en este mundo hay que congelar la sensibilidad emocional específica de las relaciones de ayuda mutua en la vida humana autorregulada: pérdida de la inocencia, pérdida de la confianza puesto que no hay reciprocidad: una congelación y un acorazamiento necesarios para luchar, competir e imponerse sobre el de al lado, en la guerra de conquista de posiciones, de escalada de peldaños, de expoliación y de acaparamiento; porque aunque sólo pretendamos sobrevivir, en este mundo para no carecer hay que poseer, y para poseer hay que de algún modo robar y devastar, y para devastar y robar hay que ser capaces ejercer la violencia contra nuestro@s hermano@s.
Para lograr este acorazamiento psicosomático en cada criatura humana individual, hombre o mujer, y el aprendizaje de las conductas y de las estrategias fratricidas y jerárquico-expansivas de realización del Poder -lo que eufemísticamente se llama educación-, se necesitan cuerpos de mujeres que engendren y paran sin desarrollo sexual y libidinal.
La represión del imprinting y la prohibición de mimar y complacer a las criaturas está por ejemplo muy claramente expuesta en diversos textos bíblicos: mima a tu hijo y verás lo que te espera, doblégale cuando aún es tierno, etc. etc.; y la rebelión contra el padre se castiga en la con la pena de muerte.
Veamos la función de la líbido materna desde la perspectiva de las relaciones sociales:(XVI)En 1861 Bachofen (20) escribió un libro en el que explica, basándose directamente en algunos autores de la Grecia antigua, la cualidad y la función social y civilizadora de la líbido maternal en las primeras sociedades humanas; lo que ahora ya la antropología con la nueva aportación de la 'revolución arqueológica' están confirmado; Bachofen dijo que la fraternidad, la paz, la armonía y el bienestar de aquellas sociedades del llamado Neolítico en la Vieja Europa, procedían de los cuerpos maternos, de lo maternal, del mundo de las madres. No de una religión de las Diosas ni de una organización política o social matriarcal, sino de los cuerpos maternos (21).
Es decir que aquella sociedad no provenía de las ideas o del mundo espiritual, sino de la sustancia emocional que fluía de los cuerpos físicos y que organizaba las relaciones humanas en función del bienestar; y de donde salían las energías que vertebraban los esfuerzos por cuidar de la vida humana.
Esta vertebración de las relaciones humanas desde lo maternal, lo explica así la antropóloga Martha Moia (22): el primer vínculo social estable de la especie humana... fue el conjunto de lazos que unen a la mujer con la criatura que da a luz... El vínculo original diádico madre/criatura se expande al agregarse otras mujeres... para ayudarse en la tarea común de dar y conservar la vida...unidas por una misma experiencia, formando lo que esta autora llama el 'ginecogrupo'. En el ginecogrupo el vínculo más importante era el uterino, el haber compartido el mismo útero y los mismos pechos. Este es el origen del concepto de la fraternidad humana, que se ha sacado de sus raíces físicas y se ha elevado a lo sobrenatural, para corromperlo y prostituirlo. El vínculo uterino entre un hombre y una mujer era algo fundamental para la reproducción de las generaciones en una sociedad con sistema de identidad grupal, horizontal y no jerarquizada, sin concepto de propiedad ni de linaje individual-vertical; es decir, con conciencia de reproducción grupal. Por cierto, que todavía existen aldeas en rincones perdidos del mundo que continúan funcionando de este modo (23).
La díada madre-criatura y el despliegue de la líbido materna en los ginecogrupos creaba lo que Moia llama la urdimbre del tejido social, sobre la cual se entrecruzaba la actividad del hombre, la trama. Este encaje de urdimbre y trama daba como resultado ese tejido social de relaciones armónicas, por el que puede transcurrir la líbido autorreguladora sin bloqueos ni trabas; un campo social recorrido por el deseo productor de la abundancia y no de la carencia (24). La arqueología ha confirmado las relaciones armónicas entre los sexos y entre las generaciones de aquellas sociedades. (25)
Pues no estamos hablando de teorías abstractas: nos referimos a civilizaciones humanas que se han descubierto que existieron desde el 10.000 a.c., geográficamente ubicadas entre el sur de Polonia y el norte de África, y desde los Urales hasta la península Ibérica, que se sepa.
En cambio el tipo de sociedad esclavista que consiguieron imponer las oleadas de pastores seminómadas indoeuropeos que empezaron a asolar las antiguas aldeas y ciudades matrifocales, a partir del 4000 a.c., al principio esporádicamente, (26) no buscaban el bienestar y la armonía, sino la dominación para extraer, acaparar y acumular las producciones de la vida; es decir, crear Poder, a cualquier precio, con toda la violencia necesaria y con los quebrantamientos de la autorregulación de la vida que sus objetivos requirieran, con tal de sedimentar su Poder contra esta vida humana autorregulada. Para esto, para devastar, luchar, conquistar, matar, expoliar y acaparar se requiere un tejido social distinto del que se crea para el bienestar y conservación de la vida, partiendo de lo maternal. Un tejido de guerreros, de jefes de guerreros, de linajes de guerreros, de esclavos, de jefes de esclavos, de líneas de mandos, de mujeres disciplinadas y dispuestas a acorazar y adiestrar criaturas, es decir, de cambiar la maternidad por la construcción de los linajes verticales, y organizar la crianza de esos futuros guerreros dispuestos a matar y esclavos dispuestos a dedicar sus vidas a trabajar para los amos; mujeres enseñadas para enseñar a sus hijas a negar sus deseos, a paralizar sus úteros y a hacer lo mismo que ellas.
Es decir, una sociedad con madres patriarcales, que no son verdaderas madres sino un sucedáneo de madres, que no crían a su prole para el bienestar y para su integración en un tejido social de relaciones armónicas que ya no existen, sino para el de la guerra y la esclavitud. (27) Como dice Amparo Moreno sin una madre patriarcal que inculque a las criaturas 'lo que no debe ser' desde su más tierna infancia, que bloquee su capacidad erótico-vital y la canalice hacia 'lo que debe ser', no podría operar la ley del Padre que simboliza y desarrolla de una forma ya más minuciosa 'lo que debe ser'.(28)
Entonces tenemos que la destrucción de la maternidad no sólo destruye algo básico en el desarrollo físico y psíquico de cada criatura, sino también y correlativamente, lo básico de nuestra condición social y de nuestra sociedad.
Aquí no tenemos tiempo, pero esto se puede ver en el proceso histórico.
A lo largo de 3000 años tuvieron lugar guerras de devastación de las pacíficas ciudades y aldeas matrifocales, durante las que se exterminaron generaciones enteras de hombres que las protegieron con sus vidas; guerras durante la cuales se esclavizaron generaciones de mujeres que vivían plenamente su sexualidad y parían con placer; generaciones con las que 'desapareció la paz sobre la tierra' según expresión de Bachofen porque con ellas desapareció el tejido social, el espacio y el tiempo en el que la maternidad es posible.
Según Gerda Lerner (29), l@s niño@s fue la primera mano de obra esclavizada, por la facilidad de manejarlos y de explotarlos. A las mujeres de las aldeas conquistadas, se las mantenía vivas para la producción de mano de obra, montándolas y preñándolas como al ganado. Y así empezó la maternidad sin deseo, por la fuerza bruta.
La consolidación y generalización del patriarcado fue un proceso discontinuo y largo, que fueron no décadas, ni siglos, sino varios milenios. Tras las guerras venían las treguas, las fronteras, el rearme, la vida bajo la amenaza y la presión del enemigo, es decir, los periodos de guerra 'fría', durante los que se crean las formas de sumisión voluntaria de la mujer, producto de diferentes pactos, basadas en las incentivaciones sociales y en el chantaje emocional, pero también en la búsqueda de situaciones que fueran el menor mal posible para ellas y para las criaturas.Además, la agresividad del guerrero o la docilidad del esclavo o de la esclava reside, desde luego, en que lo sea desde su más tierna infancia; pero también depende del arte de combinar el látigo y el hambre con incentivaciones, mitos engañosos y chantajes emocionales, de los que tenemos abundantes pruebas, no sólo arqueológicas, sino escritas, como el famoso Código de Hammurabi (30) (XVII), rey de Mesopotamia en el 1800 a.c., en un estadio ya avanzado de la transición.
En los orígenes del patriarcado la paternidad era adoptiva, esto es, los primeros patriarcas adoptaban (31) a sus seguidores o filios entre los niños mejor educados y preparados para las guerras y el gobierno de los incipientes Estados, y las mujeres adquirían un rango en función del que adquirían sus hijos e hijas (esposas, concubinas, esclavas), de manera que incluso su supervivencia y la de sus criaturas dependían a menudo de su firmeza en el adiestramiento de éstas. Esto es un ejemplo de un tipo de incentivación que va conformando la madre patriarcal; la mujer que subordina el bienestar inmediato de sus hijo@s a su preparación para el futuro éxito social, en una sociedad jerarquizada y competitiva; y además que tiene su cuerpo disciplinado para limitar su líbido sexual a la complacencia falocrática.
Según se va desapareciendo la sexualidad específica de la mujer y se va consolidando la maternidad sin deseo y la madre patriarcal, se van institucionalizando formas de matrimonio, porque ya se puede predecir a priori que una muchacha será, como se suele decir, 'una buena madre y una buena esposa' y que criará a su prole de forma adecuada. En realidad, el matrimonio y la paternidad tal cual la conocemos hoy data del Imperio romano.
Entre los engaños míticos está la satanización de la sexualidad de la mujer. Como dice la Biblia: la maldad es por definición lo que mana del cuerpo de la mujer. "De los vestidos sale la polilla y del cuerpo de la mujer la maldad femenil", dice la Biblia; y también que "ninguna maldad es comparable a la maldad de la mujer". La mujer tiene que sentir vergüenza de su cuerpo incluso ante su marido, que debe cubrirse de velos, considerarse impura. Esto es una percepción efectivamente paralizante de los cuerpos. La mujer seductora y seducible, voluptuosa, sólo puede ser una puta y una zorra, absolutamente incompatible con una buena madre, cuyo paradigma es una virgen que engendra sin conocer varón y que tolera resignadamente la tortura y la muerte de su hijo en sacrificio al Padre.
Con las generaciones se va perdiendo la memoria sobre la otra manera de vivir y de parir, la otra percepción del cuerpo de la mujer, cuyo rastro, retrospectivamente, podemos encontrarlo en tres lugares: en el Hades (a donde enviaron lo que no debe ser y debe permanecer oculto), en el infierno (a donde va todo lo que es maligno), y también en lo más hondo de nuestro ser psicosomático.
La milenaria represión sexual de la mujer, acompañada de toda clase de torturas físicas y psíquicas, es algo relativamente bien conocido. Pero quizá no es igualmente sabido que esa represión ha tenido por objeto impedir que irrumpa nuestra sexualidad. Porque para que una mujer se preste voluntariamente a hacer de madre patriarcal, hay que eliminar la líbido materna, para lo cual hay que impedir el desarrollo de su sexualidad desde su infancia.
Así se consuma el matricidio histórico, somatizándose en el cuerpo de cada mujer generación tras generación. Como dice Amparo Moreno, cada vez que parimos, afirmamos la vida que no debe ser, bloqueamos la capacidad erótico-vital de la criatura, para a continuación adiestrarla de acuerdo con el orden establecido. (28).
Esta es la maldición de Yahvé: paralizar los úteros para paralizar la producción libidinal de la mujer, y cambiar el tejido social de la realización del bienestar por el tejido social de la dominación y de la jerarquía.
Tras la devastación de la sexualidad y la paralización del útero, se construye 'el amor materno' espiritual, destinado ante todo a neutralizar y reconducir las pulsiones y los deseos que puedan impedir la represión y el adiestramiento de las criaturas; y junto a ese 'amor', se construye la imagen de la madre abnegada y sacrificada, dedicada a la guerra doméstica de vencer la resistencia de las criaturas a formar parte de este tejido social. La 'cualidad' del 'amor' espiritual es la de neutralizar la com.-pasión y el con-sentimiento que puedan irrumpir y agrietar las corazas, y que pueden llegar a hacer imposible la represión y el sacrificio de l@s hijo@s al Padre, al Espíritu Santo, al Capital, al Estado, al sistema de enseñanza obligatorio, etc. etc.
Porque, en cambio, el amor que nos sale de las vísceras, a diferencia del que dicen que sale del alma escondida tras los cuerpos acorazados, sólo sabe complacer y aplacer a los hijo@s y es incompatible con el sufrimiento y con la angustia que presiden su socialización en este mundo.

3.- ... Y QUE SEA INIMAGINABLE (LA DESAPARICIÓN DE LA SERPIENTE)
Después de las guerras de devastación, ya constituida la sociedad patriarcal, siguió habiendo una dura y larga resistencia, durante la cual se siguieron exterminando a las mujeres que guardaban el rescoldo del antiguo modo de vida y de la otra sexualidad. Para justificar este holocausto, se creó la imagen de la 'bruja' que tiene trato con el demonio, que todavía perdura en nuestros días.
Pero la vida es como es, y no deja de serlo, a pesar y en contra del Poder. Y para impedir que nuestra sexualidad se desarrolle, además de silenciarla había que hacerla inimaginable, eliminando todo aquello que pudiera delatarla o aludir a su eventual existencia.
Por ello tuvieron que cambiar el significado de los símbolos de las culturas neolíticas, que habían estado durante milenios vinculados a nuestra sexualidad. Símbolos presentes en costumbres y objetos materiales de la vida cotidiana. Para conseguirlo se escribieron las historias y los mitos que cambiaron el significado y el sentido de aquellos símbolos (las grandes obras míticas, como la Biblia o la Iliada se escribieron en el siglo VIII a.c). El nuevo orden simbólico correlativo al nuevo orden social, proyecta en nuestra imaginación y en nuestro inconsciente el modelo de mujer patriarcal: una falsa percepción de nuestros cuerpos, con una orientación exclusivamente falocéntrica de nuestro anhelo emocional, que debe acompañar la relación de sumisión al hombre.(XIX).
Este proceso de construcción del nuevo orden simbólico, se puede verificar siguiendo el rastro del que fue símbolo de nuestra sexualidad en casi todas las culturas: la serpiente.
La importancia y la omnipresencia de la imagen de la serpiente había sido correlativa a la importancia del despliegue de la líbido femenina. (XIX') Hacer que la serpiente desapareciera era imposible. Por eso lo que hicieron fue eliminar su fuerza simbólica, que mantenía viva la memoria, el recuerdo y la posibilidad de imaginar otra forma de ser mujer.
Cambiaron su significado simbólico cambiando las historias míticas, y convirtiendo el movimiento ondulante de la serpiente en un símbolo de todos los males y de todos los demonios. También el asco que nos producen los reptiles, sus mucosas y sus pieles húmedas, es una construcción cultural paralela al asco y al pudor que sentimos hacia nuestros cuerpos y sus fluidos, y que tiene por objeto sacar de nuestra imaginación su sentido maternal y simbiótico. (XX)
El orden simbólico tiene que hacer a lo bueno, malo, y a lo malo, bueno.
Así, junto a la satanización de la sexualidad de la mujer, se sataniza también a la serpiente que pasa a ser el demonio del infierno judo-cristiano (XXI); y el infierno y el Hades pasaron a ser los lugares a donde va todo lo que no debe ser, por contraste de los cielos donde habitan los paradigmas de lo que debe ser; y el guardián del Hades en la mitología griega (XXII), fue el can Cerbero, hermano de la amazona Medusa, la de la cabellera de serpientes, que lleva también el lomo lleno de serpientes y su cola es una serpiente. La sirenas y las Nereidas que representaban la asociación de lo femenino con el agua, se convirtieron en monstruos marinos que atacaban a los héroes, como Escila que no deja a Ulises pasar por el estrecho de Mesina. Atenea, en un tiempo representada con serpientes (XXIII), pasa a ser la diosa de la guerra, y las serpientes pasan simbólicamente a manos de Esculapio, dios, como no, de la Medicina (XXIV), y de Hermes, dios de la fertilidad, de manera que la sexualidad femenina en vez de ser una emanación de la mujer para la autorregulación de la vida, pasa a ser algo administrado y gobernado por los dioses.
En todas las culturas aparece el héroe o el dios que desafía y mata la serpiente: Zeus mata a Tifón (XXV), Apolo a la Pitón (XXVI), Hércules a la Hidra (XXVII), Perseo a Medusa y Jasón vence al dragón que guardaba al vellocino (XXVIII); el dios mesopotámico Marduk mata a las serpientes de la diosa Tiamet, (XXIX y el hindú Krisna a la serpiente-demonio Kaliya (XXX). En las culturas cristianas, después del famoso y explícito mito del Génesis ("pondré enemistad entre ti y la serpiente"), la virgen María vuelve a aplastar a la serpiente (XXXI), San Jorge al dragón de Inglaterra (XXXII), San Patricio a la serpiente de Irlanda, San Miguel a diversos dragones...
Lo curioso es que en el cuadro del Museo del Prado que representa Apolo matando a Pitón, se indica que "simboliza el origen de nuestra civilización". Siempre nos sorprendemos cuando descubrimos que ellos ya sabían estas cosas. Es la complicidad transgeneracional de los señores del Poder y de la Guerra.
Fijaros que la resistencia al orden patriarcal a lo largo de los siglos la delatan los mitos: porque la virgen María tiene que volver a aplastar a la serpiente que ya había sido enviada por Jehová al Infierno 2500 años antes. Y en la Edad Media, para hacer las naciones modernas y acabar con el relativo descontrol de las aldeas desperdigadas por la tierra, siguen haciendo falta mitologías con santos que matan a las serpientes locales: San Jorge en Inglaterra, San Patricio en Irlanda, pueblos en donde los campesinos celtas animados por los druidas conservaron durante mucho tiempo reductos de antiguos modos de vida.
Arturo es otro mito, en plena Edad Media que representa, al igual que Edipo, la tragedia de la transición. Arturo, no mata al dragón, sino que lo salva, y al principio llevaba su imagen en su estandarte porque era un caballero que defendía el antiguo modo de vida. Llevaba sendas serpientes tatuadas en ambas muñecas. (XXXIII)
Junto al cambio de significado simbólico de la serpiente, está la inversión de lo que vale, del bien y del mal, y también, la significación de los que la matan: el héroe o el santo. Matando a la serpiente, el santo salva nuestras almas y el caballero o el príncipe azul, nuestros cuerpos.
Dice Robert Graves que muchas de estas historias son versiones falseadas de las originales; y asegura que las fábulas de las doncellas salvadas por héroes, que matan a los dragones o a los monstruos, sólo puede deberse a un error 'iconotrópico': porque la doncella o la princesa no es la futura víctima de la serpiente, sino que ella es quien ha sido encadenada por Bel, Marduk, Perseo o Hércules después de haber vencido éstos al monstruo que era una emanación de ellas.

4.- TENDER LA URDIMBRE...
He intentado explicar por qué el parto es una cuestión de Poder.
Parir con dolor no es una cuestión médica, ni una cuestión de la salud de nuestros cuerpos individuales. Recuperar el potencial sexual femenino y revitalizar nuestros úteros es una revolución social contra 5 milenios de cultura patriarcal, porque sociedad que no puede funcionar con cuerpos de mujeres que secreten líbido materna.
El malestar de nuestra cultura se debe a todo lo que desencadena la robotización de la función materna, al desquiciamiento de la sexualidad, las relaciones patológicas y el desierto afectivo que este desquiciamiento produce. Lo malo del chupete, por ejemplo, no es que el pezón sea de plástico, lo peor es el cuerpo que falta detrás del chupete. Lo peor es la orfandad, la falta de calidez (32). Este mundo es inhóspito, porque han matado a la madre y todos y todas somos huérfano@s (27), y por eso no nos podemos reconocer como hermano@s.
No debe extrañarnos que la lucha contra los hábitos y costumbres de la maternidad patriarcal encuentre tanta dificultad. Creo que para ir abriendo camino hay que poner en marcha la ayuda mutua práctica y cotidiana entre las mujeres; así como un nuevo tipo de relación entre hombres y mujeres que recupere el espacio y el tiempo de la maternidad. Pues nuestros cuerpos vivos sólo necesitan un poco de conciencia para desatar toda su potencia sexual, un caudal infinito latente de energía y pasión por el bienestar de los demás. (XXXIV) Sabemos que es destino de todos los cuerpos femeninos y masculinos, hacerse regazo y no coraza. Además están ahí nuestros hijos e hijas, nuestras criaturas, reclamando su derecho a tener madre, a nacer gozosamente y a encontrar un mundo donde vivir con calidez y armonía.
Hay que recuperar la transmisión por vía oral de la verdadera sabiduría de lo que es bueno y de lo que es malo; esta es una vía que es mucho más difícil de controlar y manipular para cambiar el significado de las cosas. Hay que correr la voz. Se acabó el acceso prohibido a la ciencia del bien y del mal. Se acabó el Hades y todo lo que allí ocultaron. Las mujeres tenemos que contarnos muchas cosas. De mujer a mujer, de mujer a niña, de madre a hija, de vientre a vientre. (XXXV) (XXXVI) (XXXVII)
Porque lo que se plantea no es una preparación al parto distinta, que comenzase con cada gestación. Es la recuperación de una sexualidad que debe impregnar todas nuestras vidas y las de nuestras hijas, desde pequeñas. Para parir con placer, hemos de empezar por explicar a nuestras hijas que tienen útero, que cuando se llenan de emoción y de amor, palpita con placer; recuperar las verdaderas danzas del vientre, para que cuando lleguen a la adolescencia no tengan reglas dolorosas, sino que se sientan en ese estado especial de bienestar similar al de la gravidez. Hemos de hacer hogueras para quemar los informes médicos del tipo del recientemente aparecido que afirma que la menstruación es una enfermedad y que hay que eliminarla tomando píldoras ininterrumpidamente (33).
Hemos de re-conquistar nuestros cuerpos y re-aprender a mecer nuestro útero, a conectar sus inervaciones voluntarias con las involuntarias; sentir su latido y acompasarlo con todo nuestro cuerpo. Que la exuberancia de nuestra plena sexualidad acabe con las contracciones dolorosas y sólo haya el movimiento palpitante de nuestros músculos relajados y vivos.(XXXVIII)
También tenemos que pedir a los hombres que no duden, como Arturo, y que no se quiten las serpientes de las muñecas, ni quiten el dragón de los estandartes. Hay que dejarse de rivalidades. Ni envidia del pene ni envidia del útero. La envidia es el correlato de la jerarquía. En la vida no hay jerarquía, hay fenómenos y funciones diversas. Ni el corazón tiene envidia del hígado, ni el sistema circulatorio es superior al digestivo, por decir algún ejemplo. La diversidad tienen que funcionar para que haya armonía, que no es ningún estado místico, sino la sensación de bienestar que produce la vida autorregulada. Para restablecer la armonía entre los sexos tiene que haber sexo femenino; para que haya encaje armónico entre la urdimbre y la trama, hay que tender primero la urdimbre. Hay que recuperar la maternidad, el espacio y el tiempo de la simbiosis primaria.
Por Casilda Rodrigáñez

BIBLIOGRAFÍA
(1) Expresión acuñada por el arqueólogo James Mellaart (Cathal Huyuk, Nueva York, McGraw Hill, 1967, y Excavations at Hacilar Edimburgo, University Press, 1970) que ha trabajado en los sitios arqueológicos de Turquía. La excavación de Hacilar fue prohibida y paralizada definitivamente por el Gobierno inglés, "uno de los capítulos más trágicos en la historia de la arqueología" según Mellaart. Ver también la obra de Marija Gimbutas, que ha hecho un estudio al respecto en base a varios miles de piezas decoradas y talladas en la llamada 'Vieja Europa': Diosas y dioses de la Vieja Europa, Madrid, Istmo 1991, y El lenguaje de la diosa Oviedo, Dove 1996. (2) De las Casas, Bartolomé. Historia de las Indias. Fondo de Cultura Económica, México, 1986 (1ª publicación 1552)(3) Según Merelo-Barberá, J. Parirás con placer. Kairós, Barcelona, 1980.(4) Ola Raknes "Educación económica sexual" International Journal of Sex Economy and Orgone research, vol 2, 1943. (5) Masters, W. y Johnsons, V. Human Sexual Response. Intermédica, México 1978. (6) Choisy, M. La guerre des sexes Publications Premièrs. Paris 1970. PG 45-47(7) AAVV. Mamatoto: la celebración del nacimiento. Plural ediciones, Barcelona 1992.(8) Citados en: Anderson, B.S. y Zinsser, J.P. Historia de las Mujeres: una historia propia. Crítica, Barcelona 1991. (9) Sagan, D. Por qué las mujeres no son hombres, El País 02.08.1998(10) Ver Museo del Oro en Santa Fe de Bogotá.(11) El sufrimiento fetal durante el parto ha sido detectado por varios autores; por ejemplo, Konrad Stettbacher Pour quoi la souffrance? Aubier, Paris 1991.(12) Véase estudios del Dr. Serrano Vicens y del Dr. Schebat del Hospital Universitario de París citados en Parirás con placer, así como los del propio Juan Merelo Barberá.(13) Jacobsen, Thorkild. The Treasures of Darkness Yale Un. Press, 1976 PG 108.(14) Pepe Rodríguez Dios nació mujer Ediciones B.,S.A., Barcelona, 1999 Pág..314.(15) Leboyer, F. El parto: crónica de un viaje, Págs.. 244-246 Subrayados nuestros. (16) Odent, M. El bebé es un mamífero. Mandala, Madrid, 1990.(17) Freud llega textualmente a decir: El conocimiento de una época PRE-edípica en la mujer ha provocado en nosotros una sorpresa similar a la que, en otro campo, suscitó el descubrimiento de la civilización minoico-micénica anterior a la civilización griega. Todo, en el ámbito de la primera vinculación con la madre, me parece difícil de captar analíticamente, oscuro, remoto, sombrío, difícil de devolver a la vida, como si hubiera caído bajo una represión particularmente inexorable. Sobre la sexualidad femenina (1931), Obras completas, tomo III Pág.. 518. Madrid, Biblioteca Nueva, 1968. Citado por Silvia Tubert en Figuras de la Madre.(18) Balint, M. La Falta Básica Paidós, Barcelona 1993 (1ª publicación: Londres y Nueva York 1979)(19) Pepe Rodríguez, obra citada. Ver por ejemplo también, la obra del paleontólogo norteamericano Stephen Jay Gould.(20) Bachofen, J.J. Mitología arcaica y derecho materno. Anthropos, Barcelona, 1988. (1ª publicación, Stuttgart, 1861).(21) Subrayamos este aspecto, porque en las versiones castellanas de Bachofen, se viene traduciendo 'mutterlich' (maternal), 'muttertum' (entorno de la madre) y 'mutterrecht' (derecho de la madre) por 'matriarcado'. Sin embargo cuando Bachofen se quiere referir al 'archos' femenino de la transición, utiliza el término de 'gynecocratie'.(22) Moia, M. El no de la niñas la Sal ediciones de les dones, Barcelona, 1981(23) Ver artículo de Paca Díaz en El Semanal del Diario La Verdad de Murcia, del 16-22 de Julio 2000, "Los Musuo, el último matriarcado".(24) Deleuze, G. y Guattari, F. El anti-edipo, capitalismo y esquizofrenia Paidós, Barcelona, 1985.(25) En esto ya no hay discusión, empezando por la misma Gimbutas.(26) Gimbutas, Mellaart, Eisler, Rodríguez etc.(27) Sobre el matricidio, ver particularmente la obra de Victoria Sau: La maternidad: una impostura Revista Duoda, nº 6 Barcelona, 1994; El vacío de la maternidad Icaria, Barcelona 1995, entre otros. (28) Carta de Amparo Moreno a la Asociación Antipatriarcal, Boletín nº 4, Madrid, diciembre 1989.(29) Lerner, G. La creación del Patriarcado Crítica, Barcelona, 1990.(30) El código de Hammurabi son 282 leyes (con un prólogo y un epílogo) grabadas sobre un falo de basalto de 2,05 m., que se encuentra en el Museo del Louvre; esta leyes regulan ya un sistema de propiedad y de adopción pormenorizado. Edición de Federico Lara Peinado en Tecnos, Madrid, 1986.(31) Sobre el origen adoptivo de la paternidad, véase por ejemplo el estudio de Assmann en el Antiguo Egipto: en Tellenbach, H. et al. L 'imagen de père dans le mythe et l' histoire. PUF, Paris 1983(32) Moreno A. Pensar la historia a ras de piel ED. Tempestad, Barcelona, 1991.(33) Ver artículo en el diario El Mundo del 1 de julio 2000 de Myriam López Blanco: "¿Debería ser opcional la menstruación?"
Congreso Internacional de Parto y Nacimiento en casa 20, 21 y 22 de octubre de 2000. Jerez de la Frontera. España.Casilda Rodrigañez
Obras de la autora:
La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente. Casilda Rodrigáñez y Ana Cachafeiro.
El asalto al Hades. La rebelión de edipo. 1ª parte. Casilda Rodrigáñez
Proyecto editorial traficante de sueños.
Ambos de encuentran en Proyecto editorial traficante de sueños: http://www.holistika.net/parto_natural/parto_medicalizado/, y en la Librería de Mujeres. 91 521 7043.