Loris Malaguzzi...

"Trabajar con los niños quiere decir tener que hacer las cuentas con pocas certezas y con muchas incertidumbres. Lo que nos salva es el buscar y no perder el lenguaje de la maravilla que perdura, en cambio, en los ojos y en la mente de los niños. Es necesario tener el coraje de producir obstinadamente proyectos y elecciones. Esto es competencia de la escuela y de la educación”.

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miércoles, 6 de junio de 2007

EL LLANTO INFANTIL Y EL CEREBRO

Gracias a avances excepcionales en la investigación neurobiológica, los científicos son capaces de entender muchas más cosas acerca de cómo funciona el cerebro humano y cómo se desarrolla.
Por ejemplo, saben que ciertos cambios biológicos ocurren en el cerebro de los humanos y primates cuando se sienten en peligro o asustados.
El centro de la regulación de conducta del miedo y de otras emociones se encuentra en la amígdala, un grupo de núcleos enterrados profundamente en los lóbulos temporales y el hipocampo, que regula la memoria consciente. “Es el crecimiento del hipocampo, el cortex prefrontal y las áreas relacionadas lo que representa un mayor desarrollo de la conciencia, permitiendo al Homo Sapiens analizar sus sentimientos comparándolos con anteriores experiencias y conceptos”.
(1)Los subsistemas emocionales del cerebro procesan información variada, incluida cómo relacionar el estado real del mundo con las expectativas creadas. Este circuito emocional está conectado fuertemente con la región cerebral que regula la toma de decisiones. De acuerdo con el neurocientífico Joseph LeDoux, “Muchas de las cosas que nos definen emocionalmente las aprendemos a través de la experiencia. Por lo tanto, una de las claves del sistema emocional es cómo aprende y almacena la información”.
(2)LECCIONES INICIALES DE SOCIALIZACIÓN.
DESDE SU APARICIÓN EN EL MUNDO, EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN HUMANA COMIENZA CONDIÁLOGOS FÍSICOS ENTRE MADRE E HIJO.
La regulación temprana de las emociones en el cerebro se da, en un principio, durante los diálogos que se establecen entre madre e hijo a través de lintercambio de miradas.
La regulación y organización de las percepciones emocionales se desarrolla através de la interacción continuada del niño con la madre o cuidador.
(3)Las investigaciones han demostrado que una madre que se muestra sensible y complaciente hacia la comunicación visual temprana con su bebé, está estimulando un aprendizaje social positivo.
En contraste, una madre que no se muestra sensible al contacto visual temprano, no provee de este aprendizaje social positivo, entorpeciendo el proceso de maduración de la afectuosidad humana, que es crítico para un crecimiento emocional sano.
Similares oportunidades de aprendizaje social, se dan cuando un bebé trata de comunicarse a través del llanto.
El llanto se puede dar porque el bebé está hambriento, le duele algo, está incómodo o asustado. A menudo al despertarse un bebé comenzará a hacer señales a su cuidador con un gimoteo suave que puede acelerarse hasta convertirse en un llanto frenético si no recibe respuesta.
A veces llorar se ha interpretado equivocadamente como una expresión idealizada de cólera o manipulación.
Sin embargo, el llanto de un niño debería de ser interpretado como una respuesta de miedo, un miedo invocado por la inconfortable sensación de estar sucio, el rumor doloroso del hambre o la vulnerabilidad de estar solo en la oscuridad.
El miedo a los depredadores y a la muerte es una emoción profundamente asentada dentro de nuestra constitución evolutiva biológica.
En el origen de los tiempos, las familias y tribus se amontonaban estrechamente juntos en la oscuridad para apaciguar ese miedo.
La idea de “seguridad por número” se mantuvo vigente porque un grupo de humanos es mejor protegiéndose de los depredadores que un solo individuo.
Hoy en día, sabemos que un niño está a salvo sólo en su cuna, pero la biología del cerebro infantil está inicialmente codificada con esos miedos innatos, que ya apuntan en su más temprana edad.
Cuando el niño se encuentra en un estado de indefensión, miedo y pánico, la amígdala envía mensajes al cerebro para preparar al cuerpo para “escapar o pelear”. Un bebé no puede escapar ni pelear. Si el pánico no es dominado por la intervención de un adulto, el flujo químico y hormonal puede inundar violentamente el cerebro, apuntando específicamente a la amígdala y el hipocampo durante un periodo de tiempo poco saludable.
Los niños que lloran y no son atendidos, lo hacen desesperadamente durante una hora o más, hasta que la amígdala se cierra.
El niño a su vez aprende tras repetidos episodios que no tiene expectativas de respuesta y consuelo a su llanto y puede deducir que sus necesidades no son merecedoras de atención – una conclusión que finalmente puede afectar al correcto desarrollo de la autoestimadel niño. Si bien el cerebro podría determinar que no existe peligro alguno, sino se intenta calmar el estado de confusión emocional del niño, podrían perderse oportunidades vitales de desarrollo y refuerzo de la confianza, seguridad y capacidad de empatía del niño.
Traumas cerebrales tempranos y desarrollo emocional.
¿Qué ocurre dentro del cerebro infantil durante un llanto prolongado? Dentro del desarrollo del cerebro infantil, las interacciones biológicas y químicas se dan a una tasa fenomenal. Las recientes investigaciones sobre el cerebro, revelan con evidencia creciente que un estrés temprano puede jugar un papel primordial en la posterior vida emocional y en el desarrollo social.
La involucración de las neuronas orbitales, temporales y de la amígdala en el procesamiento de la información sensorial (particularmente la visual) contrascendencia emocional, sugiere que esas áreas deben formar parte de un sistema neuronal especializado en procesar los estímulos sociales.
El psicohistoriador Lloy deMause explica que “Los traumas provocados por el desamparo, pueden dañar severamente el hipocampo, matando neuronas (causando lesiones). Este daño es causado por la liberación de una cascada de cortisol, adrenalina y otras hormonas de estrés segregadas durante el episodio traumático, que no solo dañan a las células cerebrales sino también la memoria y ponen en marcha una desregulación duradera de la bioquímica cerebral”.
(5)Se cree que la abundancia de repetidas oleadas de estas sustancias químicas y hormonas en el cerebro es la causa de la reducción de la producción normal de serotonina y de la insensibilización de la amígdala, afectando a la capacidad de respuesta a una situación de miedo.
Por ejemplo, los animales que han sido traumatizados de jóvenes crecen más agresivos con menor producción de vasopresina, que regula la agresión y menores niveles de serotonina, que es conocida comúnmente como un neurotransmisor calmante.
Un bajo nivel de serotonina es el indicador más importante de violencia en animales y humanos, y se ha relacionado con tasas altas de homicidios, suicidios, piromanías, desórdenes antisociales, auto mutilaciones y otros desórdenes agresivos.
(6)Adicionalmente, “Se ha demostrado que la falta de cuidados maternales tempranos,es la causa de que la región que ocupa el córtex orbitofrontal ( la regióncerebral situada detrás de los ojos que permite al individuo reflexionar sobresus propias emociones y empatizar con los sentimientos de otros individuos) sea diminuta , desembocando en una pobre autoestima y en una tan baja capacidad para empatizar, que el bebé crece literalmente incapaz de sentirse culpable por lastimar a los demás”.
(7)Desde que los más recientes escáneres de humanos vivos de muestran que la amígdala es el centro neurálgico de regulación de conducta del miedo, se cree que esa regulación de conducta también juega un papel primordial en desórdenes ansiosos como fobias, desórdenes de estrés post-traumático, bipolares y desórdenes de pánico.
(8)De acuerdo con la Sociedad Americana de Desórdenes por Ansiedad (ADAA), uno decada ocho niños de edades entre 9 y 17 años, sufre al menos un desorden ansioso cada año. A pesar de su predominio, estos desórdenes a menudo permanecen ocultoso tienen un fallo de diagnóstico hasta que surgen complicaciones posteriores (como una depresión o abuso de sustancias) en la adolescencia o la edad adulta.
Dado que gran parte del desarrollo cerebral tiene lugar durante los primeros años de vida, es plausible considerar que repetidos traumas causados por las alteraciones químicas producto de periodos prolongados de llanto, situaciones de ansiedad por separación no resueltas y otras situaciones de respuesta al miedo, pueden predisponer al individuo a unas disfunciones emocionales y de comportamiento social en su edad adulta.
Referencias:1. Lloyd deMause Childhood and History, The Neurobiology of 2. Parallel Memories: Putting Emotions Back Into The Brain, Joseph LeDoux,Neuroscientist 3-6. Lloyd deMause Childhood and History, The Neurobiology of 7. War as Righteous Rape and Purification, by Lloyd deMause 8. Lessons from Fear Conditioning by Mary Lynn Hendrix, OSI, NIMH

Children Need Touching and Attention, Harvard Researchers

“Los niños necesitan contacto físico y atención” dicen los investigadores. (artículo publicado en The Harvard University Gazette) Por AlvinPowell .
La actitud norteamericana del “dejar llorar a los niños” puedeocasionar más miedos y problemas en los adultos, según dos investigadores de laHarvard Medical School.En vez de dejar llorar a los niños, los padres americanos deberían tener a sushijos cerca, consolarlos cuando lloran y llevárselos a su cama con ellos, dondese sentiran seguros, dicen Michael L. Commons y Patrice M. Miller, los dos investigadores del Departamento de Psiquiatría de la Harvard Medical School.
Esta pareja de investigadores examinaron prácticas de crianza aquí y en otrasculturas y creen que la práctica de poner a los niños en camas separadas yincluso en habitaciones separadas y de no reponder prontamente a sus llantospuede conducir a incidentes de estrés post-traumático y desórdenes relacionadoscon el pánico cuando estos niños sean adultos.Un estrés temprano resultado de la separación provoca cambios en el cerebro delos niños que los hace más susceptibles al estrés cuando sean adultos.
“Lospadres tendrían que reconocer que dejar a sus niños llorar innecesariamente les hace un daño permanente”, dice Commons.
“Esto cambio el sistema nervioso de manera que los hace mucho más sensibles a un futuro trauma.”
El trabajo de estos investigadores de Harvard es único porque utiliza un enfoque inter y multidisciplinario:
examina las funciones cerebrales, el aprendizaje emocional de los niños y las diferencias culturales, segun CharlesR.Figley, director del Traumatology Institute de la Florida State University y editor de The Journal of Traumatology.
“Es muy poco frequente y muy importante encontrar este tipo de investigaciones multidisciplinarias”, dice Figley.
“Tiene en cuenta las diferencias entre culturas en la respuesta emocional ante el estrés y su habilidad para soportar el estrés, incluyendo el estrés traumático.”
Figley dice que el trabajo de estos investigadores ha abierto el camino a más estudios y podría tener implicaciones muy amplias, desde los esfuerzos de los padres para estimular intelectualmente a sus hijos hasta prácticas como la circuncisión.
Commons ha sido conferenciante y investigador asociado en el Departamento de psiquiatría de la Medical School desde 1987 y es miembro del programa del Departamento en Psiquiatría y la Ley.
Miller ha sido investigadora asociada en el mismo Programa desde 1994 y esprofesora ayudante de psicología en el Salem State College desde 1993. Obtuvo un master y un doctorado en Desarrollo Humano en la Graduate School of Education.
Los dos investigadores dicen que la manera de criar a los niños en America está influenciada por el miedo a que los niños crezcan demasiado dependientes. Pero dicen que los padres van por el mal camino: el contacto físico y la seguridad haran a los niños más seguros y más capaces para formar relaciones adultas cuando finalmente vayan solos por el mundo.
“Le hemos dado tanta importancia a la independencia que esto está teniendo efectos secundarios muy negativos”, dice Miller.
Los dos fueron el centro de atención en febrero cuando presentaron sus ideas en la reunión anual de la American Association for the Advacement of Science en Filadelfia.
Commons and Miller (...) compararon las prácticas de crianza norteamericanascon las de otras culturas, en particular, con las de los Gusii de Kenya. Las madres Gusii duermen con sus niños y responden rápidamente cuando estos lloran.
“Las madres Gusii, a las que se mostró cintas de video en las que podíanver como actuaban las madres norteamericanas, quedaban afectadas por lo que las norteamericanas tardaban en responder a los llantos de sus hijos.” dicen Commons y Miller en su trabajo sobre el tema.
La manera en que nos crían tiene efectos nuestra sociedad en general.
A los norteamericanos en general no les gusta que los toquen y se enorgullecen de la independencia llevada al extremo de la soledad, incluso cuando pasan una temporada difícil o estresante. Aunque la creencia convencional es que los niños tendrían que aprender a dormir solos, Miller cree que muchos padres “hacen trampas” y se quedan al niño en su habitación, al menos al principio. También cree que una vez los niños saben gatear, muchos encuentran el camino hasta la habitación de sus padres sin ayuda.
Los padres norteamericanos no tendrían que preocuparse sobre este comportamiento o tener miedo de tratar a los bebés como a bebés, dicen Commons y Miller.
Los padres deberían sentirse libres de dormir con sus hijos, de tenerlos cerca, posiblemente en un colchón en la misma habitación, y de darles consuelocuando lloran.
“Hay maneras de hacer crecer a los niños independientes sin tenerlos que hacer pasar por este trauma” dice Commons.
“Mi consejo es darles seguridad a los niños para que puedan crecer y asumir riesgos.”
Además del miedo de hacerlos dependientes, la pareja de investigadores mencionaron otros factores que han ayudado a formar nuestra manera de criar a nuestros hijos.
Entre ellos, miedo a que los niños interfieran en la vida sexual de la pareja si comparten la habitación de sus padres y preocupación por si un bebé pudiera ser aplastado por unos de los padres si comparten la cama.
De lamisma manera, el disponer de más dinero ha ayudado en la separación de las familias, porque se dispone de casas más grandes con habitaciones separadas para cada niño.
El resultado, dicen Commons y Miller, es una nación a la que no le gusta cuidar de sus propios hijos, una nación violenta marcada por relaciones débiles y distantes, poco físicas.
“Creo que en nuestra cultura nos resistimos a cuidar a nuestros hijos” dice Commons.
“Creo que el castigo y el abandono nunca ha sido una buena manera de formar personas afectuosas, empáticasy independientes.”
Fuente:
Traducción realizada por Andera (gracias por tu colaboración).

domingo, 6 de mayo de 2007

CUANDO EL BEBÉ LLORA DE NOCHE

El sueño de los bebés. ¡Cuantas dudas, temores, inseguridades asaltan a madres y padres, cuando su adorado bebé no se digna dormir toda la noche de un tirón! Pero ¿entra dentro de lo normal que los bebés duerman de un tirón, o es sólo lo que conviene a los adultos? ¿Qué consecuencias tiene desatender las necesidades emocionales de los bebés en etapas tan tempranas? ¿Tiene algo que decir la psicología acerca de forzar a los bebés a dormir solos a base de dejarlos llorar en su habitación?

Muchos psicólogos y psiquiatras han respondido, directa o indirectamente, a esta cuestión:“Imponer a un bebé que duerma sin los ruidos de la respiración de sus padres, sin el olor de su madre, es una violencia que se le inflige en nombre de la tranquilidad del adulto. La separación precoz no conduce a la autonomía, sino al miedo al abandono y a la dependencia relacional. Es indiscutible que la autonomía se elabora en base a un sentimiento de seguridad. ¿Y si preguntáramos acerca de este temor a ser abandonados, tan difundido en nuestra sociedad?Isabelle Filliozat, Psicoterapeuta.“El Mundo emocional del niño”El periodo de fusión emocional entre el bebé y su mamá se extiende casi sin cambios los primeros nueve meses, periodo en que el bebé logra el desplazamiento autónomo. Recién a los nueve meses el bebé humano alcanza el desarrollo al que otros mamíferos acceden a los pocos días de nacer. En este sentido, podemos compararnos con las hembras canguros, que llevan a sus crías durante un periodo intraútero y luego otro periodo similar extrautero, completando el desarrollo que necesita el bebé para lograr los primeros signos de autonomía….
Este estado fusional de los niños va disminuyendo con el correr de los años, en la medida en que su “yo soy” va madurando en su interior psíquico y emocional. Pero cabe destacar que un niño que ha sido exigido para soportar grandes separaciones siendo muy pequeño tendrá mayor tendencia a permanecer en relaciones fusionales mucho más tiempo. En la adultez se convierten en relaciones posesivas, hartantes, basadas en los celos y la desconfianza, que en realidad no son otra cosa que un grito desesperado para no quedarse eternamente solo”.Laura Gutman psicóloga“La maternidad y el encuentro con la propia sombra”La vida real no coincide con los libros, porque a las madres les han dicho que, a medida que su hijo crezca, cada vez dormirá más horas seguidas. Y muchas se encuentran con la sorpresa de que es todo lo contrario. No es "insomnio infantil", no son "malos hábitos", simplemente es una conducta normal de los niños durante los primeros años. Una conducta que desaparecerá por sí sola, no con "educación" ni “entrenamiento", sino porque el niño se hará mayor y dejará de necesitar la presencia continua de su madre. Si cada vez que su hijo llora usted acude, le está alentando a ser independiente, es decir, a expresar sus necesidades a otras personas y a considerar que "lo normal" es que le atiendan. Eso le ayudará a ser un adulto seguro de sí mismo e integrado en la sociedad. Si cuando su hijo llora usted le deja llorar, le está enseñando que sus necesidades no son realmente importantes, y que otras personas "más sabias y poderosas" que él pueden decidir mejor que él mismo lo que le conviene y lo que no. Se hace más dependiente, porque depende de los caprichos de los demás y no se cree lo suficientemente importante para merecer que le hagan caso”.Carlos González, pediatraAutor de “Bésame mucho”Este sentimiento primario de culpa es el más grave de todos y forma la base o el sustrato de lo que luego va a llamarse Super-Yo negativo o destructor. El niño, al no sentirse amado, se identifica con la "madre mala" y la mete dentro de sí como núcleo de su persona. Es decir, internaliza, "introyecta" esta madre que le rechaza ... Y, como en la urdimbre primera se fragua la ulterior relación del hombre con el mundo de la realidad exterior, con la realidad "de los otros", esto es, del prójimo, con la realidad del propio cuerpo y con la posibilidad de integrar en "una totalidad armónica" todo su ser en el curso de la experiencia de la vida, podemos comprender que este "sentimiento primario de culpe" obedece, en efecto, a algo que pone gravemente en peligro la confianza y la valoración de sí mismo, que amenaza al hombre en lo más radical de su ser.

Juan Rof Carballo, psiquiatra“Violencia y Ternura”. Ed. Espasa CalpeSi McKenna estaba muy enterado sobre la manera de criar de los monos, no lo estaba tanto en cuanto a cómo criar a su propio hijo. Uno de los problemas era el sueño: como cualquier recién nacido, Jeff se revolvía, alborotaba y no quería dormir cuando debía. McKenna no tardó en descubrir que una manera de inducirlo al sueño era dormir con él. "Me tumbaba junto a él y respiraba como si estuviera dormido", recuerda McKenna, 18 años después. Y respira profundamente, bombeando el pecho ante mí como si aún tuviera a su bebé arropado sobre él. "Noté que respondía muy bien a estas claves respiratorias. Entonces me pregunté de qué me asombraba: lo que tenía ante mí era un bebé de primate, nacido sin desarrollar, que la selección había hecho sensible al contacto y al cuidado de sus padres." Meredith Small en“Nuestros hijos y nosotros”“Si el desierto emocional del hombre crea los desiertos de la naturaleza, la cuestión consiste en cómo enriquecer la capacidad instintivo-emocional del hombre del futuro … Es necesario percibir el nexo entre la relación bebé-madre y la relación de la humanidad con la madre Tierra”. Michel Odent, obstetra“En agua, la vida y la sexualidad”. Ed. Urano“En el siglo de la concienciación ecológica, las prioridades del pasado están obsoletas, invertidas incluso. La consigna hoy es parar la destrucción de la biosfera y preservar una actitud positiva hacia la vida. Las crueldades hacia el recién nacido ya no tienen ningún sentido”.Michel Odent, obstetraLa génesis del hombre ecológico“Lo que sucede (tras el parto) es que para cuando devuelven a la criatura a su madre al cabo de unas horas, cuando la madre ya está en su habitación, lavada y recompuesta, el cuerpo materno ha absorbido ya las descargas de oxitocina sin proyectar la líbido hacia el cuerpo de la criatura. Se ha pasado el tiempo del co-nacimiento, del reajuste del nuevo estado de simbiosis y de acoplamiento del pulso y del aliento. Se produce un encuentro sin atracción libidinal, y empieza el “amor materno” que sale de la cabeza, que cree en lo que debe ser, y del corazón que sigue a la cabeza, pero no del vientre vivo que no podría ser engañado con ninguna razón. Se produce el ”amor” compatible con dejar a la criatura llorar en la cuna y darle el pecho o el biberón cada tres horas … Entendida la exterogestación como simbiosis … no resulta extraño entonces que pasado ese primer año de vida las criaturas crecidas sin esa simbiosis y por tanto, en un estado de inhibición y bloqueo, manifiesten el anhelo latente de la simbiosis; y sean mucho más exigentes de contacto físico que las que han crecido en simbiosis y no sienten esa carencia”.Casilda Rodrigañez“El Asalto al Hades”, Proyecto editorial Traficantes de sueños. 2002“En las sociedades civilizadas, las diferencias entre individuos reflejan fundamentalmente y según el grado de alejamiento del continuum que la sociedad tenga, la manera en que cada cual se ha adaptado a la distorsión que en su personalidad ha causado la cantidad y calidad de las carencias experimentadas. Por ello, los individuos son, a menudo, antisociales, y la sociedad les teme, como teme cualquier otra manifestación de no conformidad entre sus miembros. Por lo general cuanto más anti-continuum es una cultura, mayor presión se ejerce sobre el individuo para que muestre una fachada de conformidad a la norma en su comportamiento público y privado”.Jean Liedloff, antropólogaEl concepto del Continuum. Ed. Obstare“La ciencia objetiva parece, en sus propios términos, no estar en absoluto calificada para hacer ninguna afirmación científica acerca de aquellas cualidades de la experiencia humana que tienen la impertinencia de seguir existiendo, aunque la ciencia no pueda estudiarlas.
Un vínculo personal no puede verse siendo mirado por una mirada que rompe toda conexión entre la mirada y lo mirado”.Ronald Laing, psiquiatraLa Voz de la Experiencia. Editorial Crítica. 1983
  • Artículos relacionados:
    Declaración sobre el llanto del bebé
    ¿Por qué los niños se despiertan por la noche? Dr. Carlos González
    ¿Existe el insomnio infantil? El sueño infantil en las culturas. Meredith Small
    El nido. Jean Liedloff.

  • Libros recomendados:
    El concepto del continuum
    El bebé es un mamífero
    El mundo emocional del niño
    Bésame mucho. Dr. Carlos González. Ed. Temas de Hoy

jueves, 15 de marzo de 2007

El vinculo Materno


Llora el niño. Y en vez de guiarnos por nuestro instinto de padre o madre, nos fiamos a ciencia ciega de lo que dice el “experto”… Si lo cogemos una y otra vez, le estamos malcriando. Si intentamos reconfortarle, nos estamos dejando manipular. Lo mejor es dejarle llorar y llorar. Que aprenda y se calle.
Se despierta el niño. Se resiste a dormir en su oscura y solitaria habitación y busca el calor y la protección de la cama de sus padres… No hay que ceder, insiste el “experto”. Dormir con los padres tiene grandes riesgos. Sí, ya sabemos que se ha hecho durante siglos. Pero no es apropiado, está mal visto, no es sano.No quiere ir a la guardería el niño. Se pasa todo el rato llorando la ausencia de mamá. No juega, no canta, no ríe… Nada que no se cure con el tiempo (de nuevo el “experto”). La “ansiedad de la separación” remite al cabo de uno o dos meses, señora. Los niños son felices en la guardería, descuide. Aprenden mucho. Socializan.
Están confabulados los “expertos”, eso parece. La consigna de la pediatría oficial ha sido alentar la separación de madres de hijos, y no vamos a recordar ahora cómo hace treinta años nos vendían la incuestionable superioridad de la leche de bote frente a la teta materna.
Somos los únicos mamíferos que les damos una patada a nuestros hijos para mandarles a otra habitación, que les damos una chupete para que se callen y que nos buscamos cuanto antes un trabajo o una ocupación para no sentirnos frustrados o frustradas”.
Le tomamos la palabra a Mar Palmer, 32 años, madre de dos y un tercero en camino, allá en Mallorca. “A la mayor, Mariona, la metimos mucha caña y aún está pagando todos los errores que cometimos fiándonos de los “expertos””, recuerda. “Con el tiempo nos dimos cuenta de cómo todos esos consejos te impiden escuchar tus instintos maternales, te generan agresividad y acaban haciendo mucho daño a los niños”.
Mar acabó dejando su trabajo en el ayuntamiento y volcándose con sus hijos: “Lo primero son ahora ellos, eso lo tengo claro. Tienes que pagar un precio, pero lo ganas por otro lado. Con Nil, el segundo, todo ha sido muchísimo más fácil. Le di de mamar hasta los tres años, durmió con nosotros, descubrí lo importante que es llevarlo en brazos… El niño confía en sus padres, y ahora es él el que se va despegando, y todo de una manera muy natural”.
Sin premeditación, aunque con nocturnidad, Mar se fue abonando a eso que los americanos llaman “attachment parenting” y que no es ni más ni menos que el vínculo o el apego entre padres e hijos. Por instinto, Mar acabó haciendo piña con otros padres mallorquinos en “Neixer i Creixer” (“Nacer y Crecer”), una de las asociaciones pioneras en eso que también llamamos la “crianza natural”.
“Al principio te entran dudas y tienes que hacer frente a mucha presión social, empezando por tus propios amigos”, confiesa Mar. “Pero ayuda mucho eso de estar en una red de gente que está en la misma onda que tú… Y ya somos unos cuantos”.
En Madrid, decenas de padres buscan también otra manera de crecer con sus hijos en la Escuela de Familias Al Alba. Fabiola Aguado, directora y terapeuta infantil, rompe una lanza por el “vínculo”: “No se trata de una manera utópica y romántica de ser padres, sino de una forma sensata y sensible de afrontar la paternidad. Hay que estar presentes y disponibles para atender las necesidades de los hijos”.
“Nuestra sociedad fomenta una falsa autonomía en los niños”, insiste Fabiola. “Si los padres no están, los niños van arrastrando unas carencias que se traducen más adelante en una dependencia profunda. Lo que los hijos necesitan en los primeros años es una base segura… Hay estudios que desmuestran que los niños criados con “vínculo” tienen más confianza en sí mismos y son a la larga más independientes”.
La idea del “vínculo paternal” o “attachment parenting” se remonta a los años cincuenta, con los famosos estudios del psiquiatra John Bowlby. El apego entre padres e hijos es “una necesidad biológica” y algo común en todos los primates, sostiene Bowlby. En cada fase de crecimiento, los niños (las crías) buscan la proximidad, el contacto y la protección de una persona adulta. Durante siglos, ésa ha sido la clave de la supervivencia.
Pero las sociedades modernas avanzan –es un decir- en sentido contrario. La separación traumática entre madres e hijos comienza ya en el parto hospitalario, por no hablar de la distancia con las que muchas mujeres viven sus propios embarazos, siempre a expensas de lo que certifique el “experto”.
El mundo laboral, diseñado por los hombres y para los hombres, pasa como una apisonadora sobre muchísimas mujeres que no tienen elección: familia o trabajo. Nadie parece plantearse el impacto emocional que causa a madres y niños la separación al cabo de cuatro meses, ni cómo esa ruptura forzosa afecta a la salud y a la vida emocional del pequeño, que se pasa la mayor parte del día en brazos ajenos, enganchado al falso consuelo del chupete y del biberón.
Las barreras en las familias se van haciendo cada vez más altas, y pronto vendrá la maratón de actividades extraescolares. El caso es estirar las jornadas de los niños tanto como las nuestras, cubrir lo más posible las ausencias y reducir los “lazos” entre padres e hijos a un beso de buenas noches. A veces ni eso.
La antropóloga Margaret Mead realizó hace cuatro décadas un estudio entre varias tribus del mundo y demostró que las más violentas eran las que privaban a los niños del contacto físico con los padres a edad temprana.
La doctora Marcelle Geber tuvo la osadía de comparar la “tribu” europea y sus “civilizadas” costumbres (bebés al biberón, en habitaciones separadas, empujados en carritos) con 308 niños criados a la vieja usanza en Uganda (amamantados a demanda, compartiendo cama, a lomos de sus madres). Su conclusión: los niños africanos aventajaban a los blancos en capacidad motriz y en capacidad intelectual durante el primer año.
Y así llegamos hasta el doctor William Sears, padrino del “attachment parenting”, más de una década rebelándose contra la pediatría oficial y promoviendo una relación más cercana y armoniosa entre padres e hijos. Sus consejos han servido de acicate para miles de padres de todo el mundo, reunidos en Attachment Parenting International, que cuenta ya con grupos en países europeos como Gran Bretaña, Holanda y Alemania.
Según William Sears, los cimientos del “vínculo” se crean en el alumbramiento, en ese “período sensitivo” tan común al de todos los mamíferos y tan ajeno a los asépticos protocolos hospitalarios. La lactancia, advierte, es una fuente de alimento no sólo material sino también emocional para un niño en los primeros meses de vida.
Sears aconseja cargar con todo lo posible con los niños, en brazos o colgados, pero manteniendo la proximidad física y el contacto. El pediatra del “apego” defiende a capa y espada las virtudes de la cama familiar o colecho y resume sus siete “mandamientos” en dos: cree en el llanto de tu hijo y ¡cuidado con los “expertos”!
Como respuesta a tantos y tantos libros “crueles y despiadados”, el pediatra Carlos González decidió precisamente escribir “Bésame mucho”. “Creo, sinceramente, que los padres lo harían mucho mejor si no hubieran existido todos esos manuales que incitan a desconfiar de los ñiños y a tratarles con total desprecio”.
“No quiero entrar en lo que es bueno o malo para el niño a largo plazo, si va a ser más o menos inteligente porque duerma contigo o los lleves en brazos”, afirma Carlos. “Lo que los niños necesitan, hoy y ahora, es afecto y proximidad. Y lo que han aconsejado por desgracia los “expertos” durante muchos años es justo lo contrario, hasta el punto de prohibir casi el contacto entre madres e hijos”.
El autor de “Bésame mucho” nos recuerda los experimentos con gorilas que se “olvidan” de cómo ser madres cuando las meten en la jaula. A los hombres y a las mujeres, sostiene, nos pasa algo similar: vivimos en estado de cautividad, confinados en ambientes artificiales, atrapados por normas culturales y alejados de nuestros instintos y nuestros imperativos biológicos.
Se nos ha olvidado ser padres.
González pone sobre el tapete un estudio comparativo sobre la crianza de los niños en varias culturas, publicado hace cuatro años en la revista “Pediatrics”… En 25 de 29 sociedades, los niños dormían con la madre o con los dos padres. En 30 de 30, los niños eran trasportados en brazos o a la espalda. En todas ellas se les amamantaba a demanda y la edad media del destete estaba entre los dos y los tres años.
El pediatra rompe también con el mito de que los hombres se han lavado las tradicionalmente las manos, y se remite a “La Historia Natural de la Paternidad” de Susan Allport: “El alejamiento del padre es fruto de la revolución industrial. Los padres han trabajado toda la vida en casa o han velado por la protección de sus hijos. Su papel puede cambiar, como lo está haciendo ahora, pero hay que acabar con ese mito”.
Años de experiencia como padre y de consulta como pediatra le han permitido también a Carlos González conocer muy de cerca el dilema de tantas familias de hoy en día… “Eso del tiempo de calidad es un cuento. Con los niños hay que estar, simplemente estar, y no obsesionarse con cronometrar los minutos que se pasa con ellos y aprovecharlos al máximo para hacer algo importante”.
Para María Jesús Ruiz, 40 años, lo más impagable de estos tres últimos con su hijo Víctor han sido “los largos paseos sin rumbo” en el pueblo en donde viven, Guadarrama. Y también, las siestas compartidas, o poder llevar a su hijo a la compra, a tomar el aperitivo, a un concierto entre semana y a todas esas cosas que no podría haber hecho si trabajara a tiempo completo…
“Intenté llevarle a la guardería con dos años y medio, pero lo pasaba mal y un día me dijo: “Mamá, vámonos a casa”… Para mí fue una señal. Hemos pasado mucho tiempo juntos desde entonces, y eso es impagable. Siempre ha estado muy apegado a mí, pero ahora se está uniendo más a su padre… Yo lo que quiero es que mi hijo sea feliz. Como dice su abuelo: “¡Ya tendrá tiempo de aburrirse en el colegio!”.
María Jesús ha vuelto a trabajar a horas perdidas, como profesora de español, pero no envidia en absoluto a sus amigas… “Al hijo de una de ellas le escuché decir el otro día que quiere marcharse a vivir al colegio, con cuatro años… Me pareció muy triste. Soy consciente de que estar tan cerca de tus hijos es navegar contra la corriente, pero yo estoy convencida de una cosa: cuidar de tus hijos es cuidar de la sociedad del futuro”.


LOS DIEZ IDEALES DE LA PATERNIDAD CON “VINCULO”
No hay ningún mandamiento escrito, pero sí existen maneras de fomentar el apego, el vínculo o la cercanía entre padres e hijos…
Conecta física y mentalmente con tu hijo/hija durante el embarazo. Vive conscientemente la gestación. Procura que el nacimiento sea lo más “íntimo” y natural posible, y prolonga al máximo el contacto físico después del parto.Extiende la lactancia todo lo que necesite el niño/la niña y no te dejes llevar por las presiones sociales (el destete se produce entre los dos y tres años en la mayoría de las culturas tradicionales). Dale el pecho a demanda. Aprovecha esos momentos para estrechar los lazos.Responde a los llantos de tu hijo y no le dejes llorar “hasta que se calle”. Aprende a interpretar sus señales. Sé totalmente receptivo a sus demandas, especialmente durante los primeros meses.Confía en tus instintos de madre/padre. Cuestiona las opiniones de los “expertos”. En la duda, déjate guiar por el sentido común.Lleva frecuentemente a tu hijo en brazos; el contacto físico estimula el desarrollo emocional, psicomotriz e intelectual del niño/niña.Duerme con tus hijos durante los primeros meses (recuerda que durante cientos de años se hizo así, antes de que los “expertos” levantaran las barreras). Si no, comparte el dormitorio con ellos y procura no llevarles a habitaciones separadas hasta que ellos mismos lo reclamen.Evita separaciones largas y traumáticas hasta los tres años. No te consueles pensando que le dedicas a tu hijo el suficiente “tiempo de calidad”. El tiempo compartido se mide siempre en horas, minutos y segundos…Involúcrate al máximo en su educación. Procura que existan vasos comunicantes entre lo que aprende dentro y fuera de casa. Su “escuela” es la vida misma.Usa la “disciplina” positiva: predica con el ejemplo y recuerda que las mejores lecciones se aprenden con afecto.Respeta la individualidad de tus hijos. Ponte siempre que puedas en su piel y permite que encuentre su camino poco a poco: el “vínculo” les permitirá avanzar con mayor seguridad y ser a la larga más independientes.
Carlos Fresneda

martes, 5 de diciembre de 2006

Declaración sobre el llanto de los bebés



Cuando un recién nacido aprendeen una sala de nido que es inútil gritar...está sufriendo su primera experiencia de sumisión. (Michel Odent).


Hombres y mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración:
Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad Occidental lloren, pero no es cierto que 'sea normal'. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre, o el más frecuente, y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo.
El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.
El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego; por esta razón no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto necesita; el bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como dice la norteamericana Jean Liedloff, en su obra The Continuum Concept, el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano. Esto es cierto durante el primer año de vida; y los dos primeros meses de forma casi exclusiva (por eso la antigua famosa 'cuarentena' de las recién paridas); luego, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser sustitutivos algunos ratos. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando el bebé empieza a andar: entonces empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse el estado simbiótico.

La verdad es obvia, sencilla y evidente.
El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema digestivo y además puede regular su composición con la duración de las tetadas, con lo cual el bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas digestivos.
Cuando la criatura llora y no se le atiende, llora con más y más desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que cuando se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos, algo profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno.
Las madres y los padres, aunque nos han educado en la creencia de que 'es normal que los niños lloren' y que 'hay que dejarles llorar para que se acostumbren', y por ello estamos especialmente insensibilizadas para que su llanto no nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural si estamos un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como un sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir su dolor. No estamos del todo deshumanizadas. Por eso los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más ese sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la ‘administración de la tortura', pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés cuando hacemos ésto, y nos infligimos a nosotras mismas, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o pediátrica.
Varios científicos estadounidenses y canadiense (biólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.), en la década de los noventa, realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación a la etapa primal de la vida humana; demostraron que el roce piel con piel, cuerpo a cuerpo, del bebé con su madre y demás allegados, produce unos moduladores químicos necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico; en fin, que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja dormir
sol@s en sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe que les pertenece.
En Occidente se ha creado en los últimos 50 años una cultura y unos hábitos, impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo a cuerpo de la madre con la criatura y deshumaniza la crianza: al sustituir la piel por el plástico y la leche humana por la leche artificial, se separa más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado modelos de walkyes talkys especiales para escuchar al bebé desde habitaciones alejadas de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto al servicio de las pequeñas criaturas humanas, llegando la robotización de las funciones maternas a extremos insospechados.
Simultáneamente a esta cultura de la crianza de los bebés, se medicaliza cada vez más la maternidad de las mujeres; lo que tendría que ser una etapa gozosa de nuestra vida sexual, se convierte en una penosa enfermedad. Entregadas a los protocolos médicos, las mujeres adormecemos la sensibilidad y el contacto con nuestros cuerpos, y nos perdemos una parte de nuestra sexualidad: el placer de la gestación, del parto y de la exterogestación, lactancia incluida. Paralelamente las mujeres hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho por los hombres y para los hombres, y que por tanto excluye la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin embargo, durante milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus actividades con sus criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las sociedades no occidentalizadas. La imagen de la mujer con su criatura tiene que volver a los escenarios públicos, laborales y profesionales, so pena de destruir el futuro del desarrollo humano.
A corto plazo parece que el modelo de crianza robotizado no es dañino, que no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como Michel Odent (1999 y www.primal-health.org), apoyándose en diversos estudios epidemiológicos, han demostrado la relación directa entre diferentes aspectos de esta robotización y enfermedades que sobrevienen en la edad adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos tanto públicos como privados, como han demostrado los estudios de la psicóloga suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense James W. Prescott (1975), por citar sólo dos nombres, también procede del mal trato y de la falta de placer corporal en la etapa primera de la vida humana. También hay estudios que demuestran la correlación entre la adicción a las drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos en la etapa primal. Por eso los bebés lloran cuando les falta lo que se les quita ; ell@s saben lo que necesitan, lo que les correspondería en ese momento de sus vidas.
Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal.
También deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras entrañas cuando un bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más difícil confundir la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo: en esta cuestión, el bebé y nuestras entrañas están de acuerdo, y ambos tienen sus razones.
No es cierto que el co-lecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como ‘muerte súbita'. Según The Foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por 'muerte súbita' se producen en la cuna. Los estudios demuestran que es más seguro para el bebé dormir en la cama con sus padres que dormir solo.
Por todo lo que hemos expuesto, queremos expresar nuestra gran preocupación ante la difusión del método propuesto por el neurólogo E. Estivill en su libro Duérmete Niño (basado a su vez en el método Ferber divulgado en Estados Unidos), para fomentar y ejercitar la tolerancia de las madres y los padres al llanto de sus bebés; se trata de un conductismo especialmente radical y especialmente nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún en una etapa de formación. No es un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad. Las gravísimas consecuencias de este método, han empezado ya a ponerse de manifiesto.
Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir a ello, para que tu hijo o tu hija deje de sufrir YA, y si te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso, cógele en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo; posiblemente sólo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto con tu cuerpo. No se lo niegues.